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Tomas Andino Mencía

La invasión rusa a Ucrania amerita hacer un esfuerzo interpretativo desde el marxismo, para dar cuenta de lo que está pasando y cuáles pueden ser las perspectivas futuras. Estamos frente a un hecho complejo sin duda, que reta a las mentes abiertas y criticas para zafarse de las explicaciones simplistas y convenientes de ambos bandos, donde difícilmente se encontrara el justo medio de la verdad. Este no pretende ser un análisis académico exhaustivo y riguroso sobre todas las variables presentes en esa realidad, sino una primera aproximación reflexiva al entendimiento del más importante evento político y militar de los últimos treinta años; tampoco pretende “dar línea” a nadie, ni creer ser dueño de la verdad ultima; de ahí el título de “notas”.

Dado que es un análisis hecho con limitaciones de fuentes de información, probablemente se erre en algún aspecto, por lo que habrá que estar atentos a los acontecimientos y a como estos confirman o refutan las tesis aquí expuestas.

 

Rusia

Rusia tiene un sistema de capitalismo de estado de desarrollo medio, no más rico que España ni que Brasil. Desde 1990 con la restauración burguesa paso a ser una semi colonia de la banca internacional, es decir del capital financiero norteamericano y europeo que financia a la alta burguesía rusa.

Contrario a lo que muchos creen, Rusia aun no reúne las condiciones económicas para ser llamado un país imperialista según la definición leninista. Un país imperialista tiene como pilar el capital financiero, exporta capital de alta tecnología no solo bienes de consumo, conquista nuevos mercados a fuerza de las armas y oprime de forma permanente a otros estados. Rusia, en cambio, es principalmente un país exportador de materias primas para la generación de energía a los países industrializados imperialistas (gas natural, petróleo, trigo, minerales), es importador de componentes tecnológicos; es un capitalismo de baja productividad, mano de obra barata, dependiente de la banca internacional y sujeto a los vaivenes del mercado internacional de materias primas.

La única característica que ha desarrollado como imperio es su capacidad de conquistar y someter países a base de la fuerza e imponer gobiernos títeres o afines. En ese sentido es un estado proto imperialista, es decir, en camino de serlo. Se encuentra en el punto medio entre una semi colonia y un imperio, haciendo una acumulación originaria de condiciones económicas para convertirse en tal. Eso ya ha ocurrido en la historia; Roma, que inicio como una potencia militar defensiva, obtuvo de esa forma la acumulación necesaria para después dar el salto a un imperio.

El legado soviético al servicio de la acumulación capitalista

En compensación de sus debilidades, Rusia utiliza los legados económicos y tecnológicos de la era soviética para lanzarse a construir su condición de imperio, emulando el imperio zarista, el cual se constituye en su inspiración ideológica. Este legado es el carácter público, estatal, de las principales ramas estratégicas de la economía (gas, petróleo, industria militar), la acumulación del más importante arsenal nuclear del mundo y su amplio recurso humano científico. Pocos países se le pueden comparar en estos dos últimos aspectos. La elite gobernante utilizo estas cualidades y supo aprovechar la coyuntura internacional para sacar de las ruinas la economía rusa, después de un breve periodo de estancamiento.

¿Cómo lo hizo? Tras el desmantelamiento de las industrias estatales posterior a la caída del PCUS y la casi desintegración de su economía, la burguesía rusa aprovecho la crisis de 2008 para acumular, porque los precios del petróleo se dispararon y eso beneficio los ingresos del Estado. En ese marco, el gobierno estimulo la inyección de capitales a las empresas estatales claves; y junto a créditos de la oligarquía financiera rusa, estableció alianzas publico privadas (empresas mixtas) para relanzar la producción, logrando con ello recuperar el crecimiento del PIB y mejorar el nivel de vida de la población. Es decir que Rusia, bajo la conducción de Putin, logro salir del hoyo de una espantosa crisis para aspirar entrar a las grandes ligas de las principales potencias capitalistas; un camino nada fácil.

Ideología y política en Putin

Sobre esa base material, Putin fue en ascenso como personaje político y recompuso el estamento burocrático del estado para posicionarse como una figura bonapartista. Desbanco a la primera casta oligárquica, afín a su antecesor, Boris Yeltsin, la cual se había beneficiado de las privatizaciones durante el periodo inmediato a la caída del Muro de Berlín; y favoreció a su propia casta burocrático burguesa de la que ahora forma parte.

Después de haber logrado sobrevivir a la quiebra de la URSS, ideológicamente Putin encarna a la burguesía más conservadora que se ha lanzado a una plena restauración del capitalismo, mediante el impulso de un programa que combina el desarrollo de empresas mixtas y privatizaciones. Pero adicionalmente también pretende restaurar, para su beneficio propio, la forma superestructural del antiguo estado imperial zarista, basado en una ideología ultranacionalista Gran Rusa y cristiano ortodoxa, como un Estado autoritario de tipo bonapartista, centrado en la figura de Putin.

Un elemento clave de esta ideología ultranacionalista es que el Estado central ruso niega el derecho de varias nacionalidades a tener existencia propia; son anuladas por la Madre Patria Rusia, entre las que destaca el caso de Ucrania, un país milenario que, si bien es cierto está vinculado a los rusos como pueblo eslavo en el origen de Rusia (la Kiev Rus), históricamente se desarrolló con su propia forma nacional, la cual ha sobrevivido pese a múltiples invasiones en su historia.

Por lo dicho, Putin y su circulo burgues mas cercano no son para nada la “reencarnacion” del Lenin que muchos en la izquierda quisieran ver, sino todo lo opuesto.

Rusia y Europa

En su proyecto de desarrollo capitalista, la burguesía rusa no pretende ser ajena o contrapuesta a una vinculación económica con las principales potencias capitalistas del mundo, especialmente con Europa; siempre ha buscado insertarse en el mundo de las grandes ligas económicas, pero hasta ahora no ha sido tratada con respeto por las demás potencias, en particular por Estados Unidos.

Rusia necesita del mercado mundial y en particular del mercado europeo para exportar gas, petróleo, armas y últimamente medicinas, y a su vez, necesita importar de esta su tecnología, bienes de consumo y finanzas, a lo cual Europa no es naturalmente opuesta. El gas ruso es de vital importancia para el viejo continente, tanto para producir fertilizantes para la agricultura, generar electricidad y alimentar la calefacción de los hogares. Tanto la burguesía europea como la rusa saben que se necesitan mutuamente; han desarrollado lazos de mutua interdependencia. De ahí que Putin en un principio fue integrado al G7+Rusia, en un tiempo solicito integrar la UE y la OTAN; y conjuntamente con Alemania, diseño en época de Merkel un mega proyecto de integración, el Nord Stream 2.

No obstante, en el contexto de una Europa todavía dominada por los intereses del imperio norteamericano, este curso de fortalecimiento de los lazos ruso-europeos tradicionalmente ha chocado con el boicot de la potencia norteamericana. La excepción a esta regla fue la época de Trump, que trato a la elite rusa con respeto y le cedió incluso espacios de control geopolítico en el medio oriente; pero ha sido eso, una excepción. Por norma general, los gringos fuerzan a Europa a pelearse con los rusos, que han pujado por ser considerados europeos; y los europeos-occidentales no han tenido más opción que hacer caso a las directrices de Estados Unidos, así tengan que sacrificar parte de sus intereses. En la actualidad, esto se expresa en la “vuelta a Europa” de Biden, quien trata de recuperar terreno en su principal zona de influencia política y en el más grande mercado privilegiado de sus exportaciones. Eso explica porque Rusia nunca fue admitido como Estado miembro de la UE y la OTAN y que saliera del G7.

Rusia, China y Latinoamérica

Ante el desprecio de las potencias capitalistas occidentales, Rusia ha vuelto sus ojos a las emergentes potencias orientales; en particular India y China, con las cuales ha construido el grupo BRICS; y también al Medio Oriente y Latinoamérica, en la búsqueda de tejer una alianza internacional que le de soporte existencial ante las grandes potencias occidentales. El caso de la India y Brasil esta aun en una relación superficial dado que estos países, dirigidos por gobiernos nacionalistas también, no han logrado zafarse de su dependencia de Europa y Estados Unidos. Pero donde si ha encontrado eco ha sido en Medio Oriente, el eje Cuba-Venezuela y especialmente en China.

De los primeros solo diremos en estas limitadas notas, que Rusia parece haber encontrado a sus iguales, es decir a países que comparten su victimización de las pretensiones imperiales de los norteamericanos. Eso explica la adhesión de Rusia al BRICS y la deriva rusa hacia Latinoamérica donde ha sido bienvenido su aporte militar en la construcción de la autodefensa en el caso de Venezuela y Cuba, lo que también se cuece en México, Brasil, Argentina y Nicaragua. También es apreciado su aporte farmacéutico durante la pandemia del COVID-19.

Pero China es la pieza fundamental para la sobrevivencia de Rusia. Aunque sus relaciones nunca fueron totalmente armónicas, sobre todo en la época soviética, en la era posterior ambas potencias regionales han buscado apoyarse mutuamente para complementarse en sus debilidades y fortalezas. Esto ha sido especialmente cierto, al aprobarse la primera ola de sanciones contra Rusia por su invasión a Crimea. Por ejemplo, el mismo año (2014) Rusia y China acordaron un contrato de interconexión de gas por 30 años por valor de 400 mil millones de dólares; asimismo, Rusia ha estado presta a apoyar militarmente a China en sus reclamos en el Mar Oriental, donde han hecho maniobras militares conjuntas; y vende sofisticadas armas y tecnología militar a China, entre otros apoyos mutuos. En ese aspecto, China ha sido fundamental para la sobrevivencia de Rusia después de las sanciones aplicadas por los imperios occidentales.

Estados Unidos y Rusia

Desde 2010 Estados Unidos se posiciono como una potencia exportadora de petróleo y gas (gracias a la práctica del “fracking”) aunque a un costo mayor que la producción gasística natural. El exceso de su producción necesita mercados y el más lucrativo sin duda es Europa, pero este continente ya tenía un proveedor que es Rusia, que provee el 42% del gas que consume. Rusia vende su gas más barato porque lo exporta a través de gasoductos y no tiene que hacer el costoso proceso de licuarlo, transportarlo por el océano y luego gasificarlo; proceso que si tiene que hacer el gas norteamericano. Además, al evitarse pasar por Ucrania  -como ocurre hoy día con el gasoducto Nord Stream 1—Rusia está en condiciones de venderlo aún más barato gracias al Nord Stream 2, ya que no deberá pagar ese impuesto a Ucrania. Por tanto, para colocar su cada vez mayor producción gasística y petrolera, Estados Unidos necesita desplazar a Rusia del mercado europeo.

Adicionalmente, EEUU ve que Rusia es un obstáculo en otros aspectos de mayor envergadura estratégica:

  • Rusia amenaza los intereses de EEUU donde están los yacimientos petroleros más importantes, es decir, Medio oriente y Venezuela que son explotados por gaseras y petroleras rusas.
  • Rusia vende mejor tecnología militar y más barata, debido al bajo precio de su mano de obra, disputándole el mercado de armas a los norteamericanos en medio oriente, Asia, África, América Latina y parte de Europa. En casos particulares como Venezuela, esa relación resulta clave para su defensa estratégica.
  • Rusia también vende trigo y medicamentos en mayor escala y eficiencia que las firmas gringas e inglesas.

Por otro lado, un asunto que incomoda a Estados Unidos es que mientras Rusia sea una potencia militar y proveedora de materias primas energéticas, China tendrá el complemento que necesita para enfrentarlo en todos los terrenos. Por ejemplo, aunque no es un paso obligado para la nueva Ruta de la Seda china, si lo son los países que esta potencia regional influye, desde sus vínculos históricos como parte de la ex Unión Soviética; mas ahora que Rusia se ha posicionado como el hegemon en Medio Oriente junto a Irán.

Por donde se lo quiera ver, Rusia es un obstáculo que Estados Unidos necesita quitar del camino para recuperar sus relaciones con Europa y bloquear el desarrollo chino, que es la principal preocupación estratégica gringa al largo plazo.

Rusia y las supuestas razones de la invasión a Ucrania

Como ya se explicó, Rusia no puede aspirar a desarrollarse como imperio si previamente no logra ampliar y diversificar sus bases de acumulación y expandirse a otras regiones; eso la obliga a cumplir con tres cuestiones claves: 1) conservar su influencia y control sobre los territorios de la federación (que son 85 entidades) y de su entorno inmediato, en su mayoría miembros de la ex Unión Soviética, lo que significa anexar y oprimir a países periféricos de menor desarrollo; 2) protegerse de la actitud amenazante de la principal potencia militar del planeta, Estados Unidos, que busca destronar a la actual burguesía nacionalista rusa para sustituirla por una burguesía títeres compradora; y, 3) ampliar su esfera de influencia y control a zonas geográficas que le permitan potenciar su desarrollo.

En cuando a la primera cuestión, el estado central ruso es celoso de conservar un férreo control político de su patio trasero euroasiático frente a una amenazante influencia norteamericana, para lo cual no escatima hacer uso de lo que sea para controlarlo. En este campo, tiene dos amenazas externas; la primera es el fundamentalismo islámico, al cual trata de mantener a raya para evitar la desintegración de la federación. Eso lo ha llevado a sofocar conatos de rebelión musulmana en varias oblast y regiones federadas, que fue el caso de la guerra contra Chechenia; o en países formalmente independientes, pero “amigos”, de su entorno inmediato, como fue la guerra contra Georgia –que busco por un momento adherirse a la OTAN—; y el apoyo a gobernantes pro rusos de Siria, Kazajistán y Bielorrusia cuando estos fueron amenazados por movimientos populares. Su guerra contra el Estado Islámico tuvo también esa motivación principal.

La segunda amenaza son los grupos neo nazis que tienen influencia en el gobierno ucraniano, los que realizan una permanente guerra étnica contra la minoría rusofona del Donbass y del sur de Ucrania (como Odessa, donde calcinaron a 48 sindicalistas). Esa región ha sido sometida a un constante asedio de estos grupos que pretenden expulsarlos del país, en base al terror.

Para contrarrestar esos factores de desestabilización, Putin ha utilizado métodos de guerra civil con su ejército profesional, pero también métodos fascistas, a través del reclutamiento de grupos de choque famosos por su brutalidad como los Spetsnaz y los chechenos, para controlar a los grupos islamistas fanáticos. Por consiguiente, Rusia actúa como una potencia regional opresora contra esos estados y sociedades disidentes.

En el caso de los pro nazis ucranianos hay que hacer una salvedad. En este caso, la represalia rusa es justificada por su carácter defensivo, sin que ello alcance para justificar la pretensión de derrocar un gobierno legitimado en elecciones populares donde los neonazis apenas obtuvieron el 2% del electorado. En ese sentido, la reconfiguración de la separación del Donbass con la creación de las Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk es más justa de la que había antes, porque el estado central ucraniano, heredado del estalinismo y ahora nazificado, fue siempre un estado opresor de estas nacionalidades. Por tanto, la creación de esas republicas es un fenómeno progresivo.

La expansión de la OTAN y la versión rusa

En cuanto a la segundo, Rusia siempre esta con el ojo puesto en la expansión de la OTAN, como el mejor indicador de las pretensiones occidentales de derrocarlo. Desde 1997, 14 países se han adherido y todos hacia el Este. Y es que, en efecto, la OTAN rompió el pacto verbal que había sostenido con Gorbachov en los años 90s que obligaba a la Alianza Atlántica a contenerse en sus fronteras originales. Esto no tiene sentido ya que la razón de ser de la OTAN desapareció con la Unión Soviética, pero se ha mantenido sencillamente porque la OTAN es básicamente el ejercito de Estados Unidos (el 69% del presupuesto y el mayor contingente disponible se lo cargan los gringos) que, como vimos, tiene un serio interés en neutralizar la capacidad económica rusa. En este sentido Rusia acierta al apreciar que, a pesar de considerarse un país europeo, la pretensión de Estados Unidos de colocar bases otanistas en el Este tiene dedicatoria en su contra. El quid del asunto es ¿con que objetivo lo hace la OTAN? ¿Es probable la narrativa rusa de que es para reducirlos a cenizas?

Rusia ha argumentado que esa expansión tiene el propósito de ubicar misiles nucleares lo más próximo a Moscú y otras ciudades claves rusas para dispararlos en la menor oportunidad. Afirma que con el desarrollo que tienen los misiles hipersónicos norteamericanos, sus ciudades estarían al alcance en 5 minutos, lo cual anularía la actual ventaja misilistica rusa que, a pesar de ser mucho más veloz, no lograría superar ese récord. Sin embargo, de esas tesis no aporta pruebas.

Este argumento, a pesar de ser creíble, no necesariamente corresponde al escenario mas probable.  ¿Qué bases hay para esa afirmación? Lo que ha trascendido son las declaraciones de tres personajes, todos rusos o pro rusos: Lavrov, canciller de la Federación Rusa; Nikolái Azarov, ex Primer ministro de Ucrania durante el gobierno pro-ruso de Yanukovich, quien reside en Rusia; y Serguéi Narishkin, jefe del Servicio de Espionaje Exterior (SVR) de Rusia, quienes denunciaron que Ucrania trabajaba en la fabricación de una bomba atómica. Estas declaraciones fueron hechas una semana después de iniciada la invasión. Si se tiene pruebas de eso ¿Por qué hasta ahora se denuncia? Peor aún ¿por qué todavía no se presentan pruebas? Haberlo hecho a tiempo habría justificado todo.

La destrucción de un país no se puede argumentar solo con declaraciones de parte interesada y sin dar fechas, lugares y nombres; se requieren evidencias más sólidas. De cualquier otro cuerpo de inteligencia podría esperarse mediocridad, pero de la inteligencia rusa no. En cambio, y aunque nos duela admitirlo, la inteligencia gringa advirtió que se venia la invasión y esta llego, el gobierno ruso quedo como un mentiroso, sin otra palabra que decir mas que “desmilitarización” y “desnazificacion”. Da la impresión de que el argumento de la destrucción atómica ha sido sacado a última hora por carecer la invasión de una razón aceptable, más allá de esas dos palabras.

Además, hay cuestiones de lógica que lo cuestionan.

En primer lugar, la posibilidad de que las potencias occidentales ubiquen armas atómicas en Ucrania con la pretensión de iniciar inmediatamente una hecatombe nuclear contra Rusia, es extremadamente reducida, ya que ambos bandos saben que seria un suicidio colectivo asegurado; la Federación Rusa cuenta con más de 6 mil misiles nucleares, una cantidad mayor de la que tiene Estados Unidos, ubicados en plataformas submarinas, bombarderos estratégicos y lanzacohetes móviles; incluso más cerca aun esta la base rusa de Kaliningrado –enclave ruso en el centro de Europa—y la ubicación de Transnistria, a una distancia de tiro todavía más corta para sus misiles hipersónicos contra objetivos europeos.

En segundo lugar, si ese hubiera sido la intención inmediata de la OTAN –por cierto, una fuerza que desfallecía por inanición económica y que fue resucitada por la invasión—tuvo que haber sido ejecutada antes de que los rusos obtuvieran su actual supremacía misilistica, no ahora que Rusia ha demostrado tener potencial nuclear disponible de última generación, superior a la más avanzada de Estados Unidos, cuya operatividad fue probada incluso durante los ejercicios de febrero pasado. Para peor, en un acto de soberbia inaudito, Putin hasta el momento ha sido el único que han amenazado con su arsenal nuclear a quien pretenda detenerlos. Esas parecen mas las palabras del matón del barrio que de un estado serio que argumenta por que inicia una guerra donde mueren miles de personas.

En tercer lugar, si la OTAN hubiera querido emplazar armas nucleares a la distancia de tiro que alega Rusia, ya lo habría hecho desde los países bálticos (Letonia y Estonia) que son miembros activos desde los años noventa y están a una distancia similar contra Moscú. ¿Y ha dicho algo Rusia sobre eso? Ni una palabra.  

En cuarto lugar, es muy dudoso que los países occidentales, que tienen mucho que perder en una guerra nuclear, entreguen ese tipo de arma a las bandas neonazis locoides ucranianas; pueden entregarles otras muy potentes, pero nucleares… no es imposible, pero si muy difícil de creer.

Pero si asumimos que la información fuera cierta, y que la destrucción solo estuviera asegurada en perjuicio de Rusia, es poco creíble que occidente estaría interesado en devastar todo el potencial tecnológico e industrial de ese país, generando con eso una crisis económica y social mundial de imprevisibles consecuencias, que les rebotaría en su cara, y no en recuperarlo para sus intereses.

Históricamente, el imperialismo nunca ha tratado los retos con otras potencias nucleares, atacándolas de frente. Con la Unión Soviética, por poner un caso, a pesar de tanto armamento que acumulo, nunca lo uso durante 75 años. Trabajaron pacientemente para minar sus bases hasta que esta implosiono. Siempre fue mejor que aniquilarse mutuamente.  

Las razones más probables de la invasión

Por lo anterior, mientras no haya una evidencia mas contundente para esa tesis, la explicación que parece más probable es otra. Consiste en una estrategia que perseguiría dos objetivos; por un lado, la contención progresiva y preventiva del avance económico y político de potenciales gobiernos rusófilos hacia occidente (como fue el fallido gobierno de Yanukovich en Ucrania), marcando territorio en los países próximos a la Federación Rusa; y, por otro lado, forzar el retroceso de la economía rusa, mediante  el desgaste económico al largo plazo al que sería llevada por una desenfrenada carrera armamentística, el estrangulamiento financiero y comercial y un constante acoso disuasivo.

En este escenario, Washington ganaría cada vez más influencia política y económica en Europa, duplicaría sus ventas de armas e incrementaría las dificultades económicas de su contrincante, sin correr con el costo de una conflagración atómica. Es la misma estrategia que sigue en el caso de Irán, Cuba y Venezuela. En el caso de Rusia es la que se comenzó a aplicar desde 2014, ahora agudizadas con las nuevas sanciones en curso. Es la estrategia más coherente con la doctrina de la “guerra hibrida” de la OTAN.

El resultado esperado de la iniciativa norteamericana y otanista es que la sociedad rusa, hoy día sometida a una difícil situación económica, implosione desde dentro. Que el cerco brutal que pretenden instalar genere crisis económica, descontento social, convulsión política y el crecimiento de una oposición capaz de darle un golpe certero a Putin, incluso desde su misma fuerza armada si fuera posible, tal como ha intentado hacer en Venezuela, donde su estrategia no ha pasado por una invasión sino por inducir una crisis interna. La reactivación del hombre de Washington en Moscú, el pro occidental Zlexei Navalny, haciendo llamados a la resistencia civil, puede indicar eso.

Este Plan A de los norteamericanos y europeos, se basa en provocar al máximo a Rusia, agrediendo a sus conciudadanos del Donbass, para obligar a Putin que ordenara una respuesta militar y, en el contraataque, la OTAN progresaría mediante la militarización de Ucrania y, ahí sí, introducir armas atómicas. El supuesto de esta estrategia era que, si Rusia reaccionaba no lo haría nunca atreviéndose a invadir militarmente toda Ucrania o que no llegaría más allá del Donbass.

Los hechos mostraron que esa estrategia fracaso. Putin se decidió por jugar a pelota adelantada, tomando el pollo y no solo sus plumas. Invadió el país entero poniendo toda la carne al asador, echando a la basura el Plan “A” de los norteamericanos. Pero ¿Por qué lo hizo así? Aquí es donde entra en juego la tercera razón, o más bien la tercera y la cuarta al mismo tiempo.

Las razones, para que Rusia haya actuado con el “todo o nada” son dos; una defensiva y otra económica estratégica. Ambas no son excluyentes sino necesarias en la actual situación de Rusia.

La razón defensiva tiene que ver con el hecho de que Ucrania esta gobernado por una banda corrupta donde los neonazis tienen mucha influencia. Si bien no es probable que estos puedan recibir de occidente bombas nucleares, no es descartable que estos la adquieran o la fabriquen por su propia cuenta, o que pongan en práctica una guerra biológica o provoquen un accidente en las centrales nucleares de imprevisibles consecuencias. Es decir, el riesgo no provendría de la OTAN en sí, sino de los neo nazis. De hecho, Zelenski en algún momento declaro ese propósito “Si la OTAN no nos admite, nosotros nos armaremos” (de armas nucleares). Hay que recordar que Ucrania fue un lugar de fabricación de tales armas en la URSS y cuentan con el uranio, las centrales nucleares, el personal técnico y la voluntad para fabricarla o proponerse hacerlo. Seria cuestión de tiempo. Derrocar ese gobierno era una opción necesaria defensiva, pero por la naturaleza agresiva de los neo nazis difícilmente se podría lograr pacíficamente, así que la opción militar estaba sobre la mesa.

Si esto fuera así, una operación militar especial habría estado más que justificada; habría bastado con una operación quirúrgica al estilo de las que realiza Israel para “neutralizar” a científicos iranies o vengar a sus atletas --por poner una comparación—ya que Rusia cuenta con la capacidad técnica para hacerlo.

Ucrania, apetitoso manjar para el naciente imperio

Pero ¿para qué tomarse el costo de invadir totalmente un país de 43 millones de habitantes? Aquí es donde cobra sentido la segunda razón. Esta tiene que ver con la conveniencia que tiene para Rusia contar con un gobierno títere en Ucrania que ponga a su disposición los recursos naturales, tecnológicos y energéticos de ese país para sus objetivos de crecimiento económico imperial.

¿Qué tiene Ucrania de especial interés para la burguesía y el Estado ruso? Es un país semicolonial atrasado (el más atrasado de Europa), principalmente exportador de materias primas, con una industria media y con una asediada identidad nacional. Siempre fue una nación oprimida, como los kurdos, incluso en la era estaliniana en la URSS (sometió a una hambruna que mato millones); de ahí el odio de una parte de los ucranianos a los rusos y rusofonos, y la popularidad de los neo nazis ucranianos que se confabularon con Hitler para derrotar a la URSS.

A diferencia de los otros países que ha conquistado Rusia, Ucrania es un país diez veces más grande que Georgia, muy rico en recursos minerales (hierro, uranio, cadmio, etc.), con una importante industria agro extractiva y militar (aeronáutica y espacial), poseedora de tierras de la mejor calidad de Europa, energía atómica y gas natural, que le permitiría iniciar un proceso de acumulación capitalista-imperialista. Tomar a Ucrania para Rusia equivaldría a que Honduras tomara una región como el Valle de Sula. Por tanto, Ucrania se convierte así en la presa más lógica para potenciar el proceso de acumulación originaria pro imperialista que mencionamos al inicio.

Estas pretensiones imperiales por Ucrania no son nuevas.  En un inicio Putin intento hacer su conquista de forma progresiva y, digamos “por las buenas”, influyendo a través de un multimillonario corrupto, Yanukovich, a quien contribuyo a hacer presidente de ese país, con el cual tuvo algunos logros; obtuvo autorización para instalar una base militar en Crimea, a cambio de descontarlo del pago del gas ruso; y pretendía ir más allá, solicitando la unificación aduanera y la fusión de las empresas estatales de gas ucranianas con la estatal rusa. La UE por su parte, ofreció un jugoso préstamo a cambio de su tradicional receta de cobrárselo al pueblo, con la eliminación de aranceles, la congelación de salarios y pensiones, los recortes de gastos y el fin de las subvenciones al gas para los hogares ucranianos. Cuando Yanukovich iba a firmarlo, a última hora Moscú ofreció la misma cantidad, pero sin esas condiciones, y este cancelo la formalización del compromiso; fue entonces que la UE promovió el levantamiento del Euromaidan bajo la legitima bandera de la anticorrupción.  

Tras ese fallido intento, Putin dio una primera demostración de fuerza, tomando la península de Crimea, sin ninguna justificación –un acto que violento el Convenio de Budapest (1994), por el cual Rusia se comprometió a no invadir nunca a Ucrania--, con lo cual anunciaba su inequívoco interés por poseer estos territorios. A la vez, Rusia incentivo el sentimiento independentista de las regiones de Crimea y del Donbass, que tenían justas reivindicaciones nacionalistas. Los referéndums se hicieron y la ocupación quedo sellada.

Con la actual ocupación, la pretensión rusa a largo plazo es la misma; beneficiarse de tener en Ucrania un gobierno títere o prorruso que entregue lo mejor del país a la emergente potencia imperial.

Riesgo calculado

Pero ¿habrá valido la pena cargarse el país entero si las sanciones o la reacción de los otros imperialismos dejarían a Rusia desconectada del capitalismo mundial?

“Las sanciones prometidas por la Unión Europea y Reino Unido, no parece que vayan a causar más daño a la economía rusa que el que se causaran a sí mismos, tomando en cuenta la gran interdependencia que existe entre Rusia y Europa. Por ejemplo, expulsar a ese país del sistema Swift haría que Rusia no podría pagar sus deudas con bancos, comercios e industrias europeos y gringos, sin que se le pueda achacar responsabilidad; la cancelación del Nord Stream 2, no podrá ser cubierta por Estados Unidos ni por Qatar y, aun cuando lo hagan elevara el costo del precio del gas a más del 40% según estimaciones, empujando a Europa a una espiral inflacionaria sin precedentes, como si la crisis de los suministros y la pandemia no fueran suficientes. Y esto sin hablar del congelamiento de millones de personas que no tendrán acceso a gas para enfrentar los duros inviernos en ese continente. Eso explica que a la hora de aprobar esas sanciones les tiembla la mano de los gobernantes europeos; pero como son gobiernos sometidos a Washington, tendrán que dispararse ese tiro al pie.

Tal vez la oligarquía de Estados Unidos sea la más gananciosa; esta aumentara sus ventas de armas y gas a Europa a niveles récord, lo que no dudo fue un efecto calculado por los estrategas gringos también. No obstante, este logro es relativo porque, así como Europa depende en gran medida de Rusia, así también Estados Unidos depende del mercado europeo para vender sus productos; y la reducción de la capacidad de compra de los europeos a causa de la inflación, al largo plazo afectara a otras ramas de la economía gringa. Por lo dicho no es casual que las bolsas de valores hayan registrado caídas importantes en estos días.

En el campo social, la extensión de las operaciones a toda Ucrania también ha provocado un gran flujo de refugiados que tienen como destino a Polonia y Rumania, extendiendo la crisis más allá del Oeste de las fronteras de Ucrania; obligando a otros países europeos a sufrir las consecuencias colaterales de estas acciones.

Putin ya había calculado este escenario por lo que desde hace ocho años venia preparando su economía para enfrentar también sanciones más agudas que las que ha sufrido desde 2014. Aumento sus reservas internacionales a un equivalente a más 600 mil millones de dólares, a la vez que redujo la dependencia de esta última moneda apostando más por la cripto moneda china y otras; estableció acuerdos comerciales con China en varios campos, principalmente en materia energética con un tratado equivalente a 400 mil millones de dólares, asegurándose de construir otro gasoducto (“Fuerza de Siberia”, abierto en 2019) que compensaría parcialmente la perdida de Nord Stream 2” (tomado de: Andino, Tomas, “La Ofensiva de Putin, del legitimo derecho a la defensa, a una ocupacion innecesaria”, 25 de febrero 2022)

El solo hecho de que Rusia se hubiera preparado de esta manera, indica que este era un escenario previamente preparado y que solo esperaba el momento propicio para impulsarlo. Que la haya realizado ahora para mi se debe a que su complejo militar industrial finalmente ha desarrollado armas tan sofisticadas que no puede ser superadas por el imperio gringo, y por eso no es casual que haya amenazado con usarlas.

Hace falta ver cuál será el “Plan B” del imperialismo norteamericano a esta jugada de Putin, en medio del llanto de los inocentes. El juego de la muerte sigue abierto.