Teoría e Historia

Por Nicolás Monterde Izquierdo

El testamento de Lenin es uno de los documentos de mayor polémica en la historia de la URSS. Este también constituye uno de los documentos más interesantes para comprender el camino recorrido y por recorrer del proyecto soviético iniciado en 1917. Esto lo convierte en un texto casi inabarcable, debido a la cantidad de problemáticas que se tratan en él, y que obligaría remontarse a los principios teóricos leninistas. Por ello una de las tareas iniciales clave es la delimitación del presente artículo: en primer lugar, tengo por objetivo hacer historia del documento en sí, donde hablaré de la fecha de su escritura y las numerosas versiones y publicaciones que se fueron haciendo del mismo a lo largo de la historia. Y en segundo lugar, haré un análisis político-histórico del testamento y de los puntos que trata, con ello buscaré profundizar en las controversias políticas y la propia personalidad de Lenin.

Historia de un testamento

Lo que conocemos como el testamento de Lenin fue más bien un conjunto de cartas dictadas por el revolucionario ruso entre el 22 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923. Por aquel entonces, Lenin estaba incapacitado físicamente debido a la enfermedad que sufría. A raíz de ésta sufrió un primer ataque en mayo de 1922 del que se recuperó en otoño de ese mismo año, siguiendo con su actividad política e institucional, aunque visiblemente más cansado. Será el 12 de diciembre cuando por recomendación médica se traslade a su habitación del Kremlin, donde sufrirá un segundo ataque que le inmovilizará su lado derecho, lo que le impedirá volver a escribir. A la luz de esta situación crítica, Lenin se apresurará en dictar a su taquígrafa M. Volodicheva unas cartas de vital importancia para él, las cuales mantendrá en el más absoluto secreto. De hecho, sólo sabrán de su existencia dos personas: su taquígrafa antes mencionada y Nadia Krupskaya, la esposa de Lenin, que será la encargada de esconder dichas cartas hasta el fallecimiento de su marido y también la que se las entregará al partido. Estas cartas debían ser leídas en el XIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética que se celebraba el 17 de abril de 1923. Sin embargo, esto no fue así y se pospuso la lectura del documento hasta después de la muerte, el 24 mayo de 1924. Tampoco se leyó ante ningún congreso, solo ante un grupo reducido de los delegados al  XIII Congreso del partido.

La primera lectura del Testamento en mayo de 1924 la hizo Kamenev, quién por aquel entonces era presidente de la mesa de delegados del Congreso. Esta lectura se hizo sin interrupciones y al terminarla Zinoviev, viejo bolchevique de gran autoridad que se había aliado en una Troika junto con Kamenev y Stalin, afirmó que las dudas de Lenin parecían infundadas por lo que no resultaba necesario sustituir a Stalin como secretario general, todo esto acompañado de un extremo culto al líder fallecido.[1]Trotsky se mantuvo en silencio durante y tras la lectura, únicamente respondió a Radek cuando este se dirigió a él afirmando: "Ahora ellos no se atreverán a ir contra ti" (refiriéndose a la troika de Stalin, Zinoviev y Kamenev). A lo que Trotsky respondió:"Por el contrario, tendrán que ir al límite, y además lo más rápido posible" [2]. Krupskaya defendió que el testamento se leyera ante el congreso, tal y como había planteado Lenin que se hiciera. Esta propuesta fue rechazada y, en cambio, se aprobó que fuera leído en todas las delegaciones en una reunión extraordinaria en la que no se podría tomar notas. A pesar de encontrar la fuerte oposición de Krupskaya, que veía traicionada la última voluntad de su difunto marido, la propuesta de la troika de no publicarlo se aprobó con el respaldo de 30 frente a 10 votos.

A pesar de no ser publicado oficialmente por los periódicos y tampoco llegar a una parte importantísima del partido, fue mencionado por primera vez por Eastman, un comunista estadounidense, simpatizante de Trotsky. En su obra Since Lenin died relata los debates y las discusiones en torno a la Troika contra Trotsky, publicando por primera vez fragmentos del testamento de Lenin que le llegó a través de Trotsky un año antes [3]. Esta publicación del testamento provocó una gran controversia por la que numerosos partidos comunistas del resto de Europa exigieron una explicación al respecto. Fue entonces cuando la Troika presionó a Trotsky para que mantuviera la disciplina y negase las afirmaciones de Eastman [4].Esto sería lo que terminaría haciendo, constituyendo uno de los más resonados triunfos de la Troika. El 19 de julio de 1925 se publicó en la revista británica Sunday Worker la respuesta de Trotsky en la que tildaba de “calumnias maliciosas” lo expuesto por Eastman en su libro, negando que el Comité Central del partido hubiera escondido ningún tipo de documentos escritos por Lenin al final de su vida, incluyendo su testamento [5]. Varios años después, Trotsky dirá que en aquel momento fue objeto de fuertes presiones por parte de la Troika, la cual exigía a Trotsky lealtad y disciplina al Comité Central. En 1925 Trotsky calculó que el enfrentamiento directo con sus rivales no le convenía, lo que explica su repliegue. Siguiendo la publicación del testamento en la obra de Eastman, el New York Times el 12 de julio de 1925 fue el primero en publicar el testamento de Lenin en su totalidad a través de Krupskaya, quien por aquel entonces se había unido a la oposición contra la troika [6].

La cuestión del testamento no volverá a ponerse sobre la mesa en la URSS hasta el año 1927, y lo hará la Oposición Unificada, la cual estaba encabezada por Trotsky, aunque también destacan otros importantes cuadros como Preobrazhensky, Radek, Piatakov, Kamenev o Zinoviev. En el aniversario de 1927 de la Revolución de Octubre, la Oposición se presentará con una pancarta en la que se leía: “Aplicad el testamento de Lenin” [7]. Además, también se repartieron copias clandestinas del testamento de Lenin entre los obreros por la propia Oposición, lo cual fue perseguido [8] . Esto precisamente ejemplifica la lucha interna de ciertos sectores del partido por publicar un testamento que por su contenido sería demoledor para Stalin.

Otro acontecimiento de vital importancia ocurrido ese mismo año fue el del controvertido Congreso del partido en el que Stalin se vio obligado a leer una serie de documentos y cartas secretas de Lenin que se habían propagado por el partido como la pólvora. Entre estos documentos estaba su testamento. En este Congreso se pudo evidenciar la no muy buena relación entre Lenin y Stalin, y la predilección del primero por Trotsky. Este Congreso fue una gran victoria para Trotsky, dejando en evidencia a Stalin delante de muchos cuadros del partido. Esta fue la última vez en la que Stalin sufrió un revés político interno en toda regla, lo que le terminó por confirmar la necesidad de prohibir cualquier distribución de dicho documento. Esas cartas amenazaban el discurso que había sido construido por el propio Stalin a partir de 1924, mostrándose como un servicial pupilo del gran maestro que era Lenin, lo que también emponzoñaba el uso que se le había dado a la figura de Lenin a modo de justificación de la línea oficial del partido. Sin embargo, la difusión del testamento en aquel XV Congreso fue muy limitada. Este se incluyó en el dossier secreto del XV Congreso del partido con tan solo 13.500 ejemplares dedicados a los estratos superiores del partido [9].

Con la expulsión del partido de la Oposición Unificada en enero de 1928 y los Procesos de Moscú de 1936, y habiendo eliminado toda oposición interna, la cuestión del testamento quedó en el olvido. No solo no se publicó, sino que tampoco fue recogido en las Obras Escogidas de Lenin, buscando por todos los medios la supresión del documento que pasó a ser considerado literatura anti-partido. Este no volvería a irrumpir en el escenario político soviético hasta el año 1956 durante el XX Congreso del PCUS, donde Nikita Kruschev a modo de cuchillo arrojadizo contra la fracción estalinista supo recuperar a tiempo el testamento como una de las mejores armas usadas por la oposición a Stalin y el estalinismo. Fragmentos del testamento se incluyeron en el famoso Informe secreto del XX Congreso del PCUS, utilizándose para justificar el proceso de desestalinización llevado a cabo en todo el bloque soviético por aquel entonces. El testamento y otras cartas de Lenin terminaría siendo incluidas en sus Obras Escogidas a partir de la edición de 1961, coincidiendo con esta etapa aperturista.

Estas medidas llevaron definitivamente a la rehabilitación del testamento de Lenin en la historia oficial de la URSS, aunque siguió siendo un tema tabú del que no muchos investigadores soviéticos se hicieron eco. Lo mismo ocurrió con los investigadores extranjeros, que no prestaron atención a la controversia. Aunque si bien es cierto que de donde se puede extraer más literatura al respecto es en el ámbito político, donde se produjeron numerosas controversias entre historiadores revisionistas del estalinismo y ciertos sectores del trotskismo durante los años 30, 40 y 50.

Para concluir el análisis histórico del testamento en sí, me gustaría destacar unos hechos que suscitan el entramado histórico del testamento. En primer lugar, el testamento constituía un punto débil del mito construido del marxismo-leninismo, un documento discordante que contradecía la línea oficial del Estado soviético durante el estalinismo. Esto era perfectamente sabido por Stalin, a la vista de los quebraderos de cabeza que siempre le había supuesto el cabo suelto del dichoso testamento, y por ello se evitó a toda costa su difusión. Siempre que se pudo, el documento fue utilizado como un ataque a la línea de flotación contra Stalin, lo cual habitualmente se saldaba con una victoria discursiva para la oposición que utilizaba dicho testamento.

Y, en segundo lugar, podemos observar cómo el testamento de Lenin fue un asunto muy presente siempre que se desarrollaban pugnas internas por el poder en el partido. Ocurrió esto mismo con la pugna que se desató por el poder entre Trotsky y la Troika a partir de la muerte de Stalin, también durante el enfrentamiento entre Stalin y la Oposición Unificada, y finalmente tras la muerte de Stalin en 1953 durante la consolidación en el poder de Nikita Kruschev. De alguna forma, esto nos viene a decir la importancia que tenía la lucha por el apoyo póstumo de Lenin a las tesis defendidas por cada contendiente por el poder. Es decir, la figura de Lenin, como padre de la revolución, debía ser compatibilizada con aquellos que querían alzarse con el poder para legitimar su propia candidatura en el partido. Por ello se utilizó la figura de Lenin y su testamento en beneficio privado de cada uno de los pretendientes a la secretaria general, lo que obviamente llevó a la deformación de numerosos datos para tejer un discurso favorable a los intereses de cada uno.

Dimensión política del testamento

En este apartado me dedicaré a analizar el contenido de cada una de las cartas enviadas por Lenin al Partido Comunista. Para hacer un análisis completo es necesario desarrollar detalladamente el origen y el desarrollo de muchas de las cuestiones que Lenin menciona en su testamento. La mayoría de las problemáticas se remontaban no solo al inicio de la propia revolución en 1917, sino al planteamiento inicial de los principios leninistas.

Lo primero de todo es clarificar la razón que llevó a Lenin la escritura de su testamento. Si bien es cierto que hay numerosos motivos, cabe destacar: el combate que Lenin emprendió contra la burocratización del partido, el cual estuvo presente en la mayoría de sus artículos a partir de 1922, entre los que destaca el último, “Más vale menos, pero mejor”. Este artículo fue publicado el 4 de marzo de 1923 en Pravda y en él se hacía una fuerte crítica al funcionamiento de la Inspección Obrera y Campesina debido a su extrema burocratización, proponiendo Lenin reformas en su seno para hacer de ésta una institución insigne del Estado soviético: “debemos hacer de la Inspección Obrera y Campesina, instrumento llamado a mejorar nuestro aparato, un organismo realmente modelo” [10].

Además, de forma indirecta, era una crítica a Stalin, quien era el encargado de la Inspección Obrera y Campesina, respecto a la cual Lenin afirmará: “El comisariado del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza en la actualidad ni de una sombra de prestigio. Todo el mundo sabe que no existen instituciones peor organizadas que las que dependen de nuestra Inspección Obrera y Campesina” [11]. Como podemos observar, Lenin es muy claro y directo en lo que se refiere a la autocrítica y no le tiembla el pulso a la hora de señalar los problemas de falta de gestión y burocratización en las instituciones soviéticas. Esta posición crítica hacia la burocratización le unió a más a Trotsky, quién también advirtió en numerosas ocasiones de la amenaza de una excesiva burocracia. Sin embargo, las posiciones críticas de Lenin y Trotsky diferían en un punto clave; mientras que Lenin pensaba que la burocratización se trataba de una herencia residual del zarismo, Trotsky defendía que la burocracia había surgido en el seno del propio Partido Comunista y que encarnaban una reacción que se cernía sobre la revolución.

Otro elemento importante que puede explicar la gran importancia que les dio Lenin a estas cartas fue la posible escisión en el partido motivada por la lucha por el liderazgo entre ciertas personalidades, contra lo que Lenin propondrá medidas para compartirlo. Este tema lo analizaremos más detalladamente cuando Lenin hable de esto en sus cartas. Y, por último, la incipiente desconfianza que sentía Lenin hacia Stalin en todos los ámbitos. Políticamente había tenido numerosas discordancias en sus últimos años, lo que también debilitó su confianza en él. Incluso a nivel personal su relación se irá deteriorando hasta que Lenin decida oficialmente dar por terminada su relación de “camaradería”.

Las primeras cartas que constituyen el conocido testamento de Lenin, escritas del 23 al 26 de diciembre, tratan dos temas fundamentales: la ampliación del Comité Central del Partido Comunista y la descripción de las facultades y limitaciones de cada uno de los miembros más relevantes de dicho Comité Central. Ambos temas están estrechamente relacionados, ya que, de hecho, se podría decir que uno era el problema y otro la solución a dicho problema. Empecemos por el problema. Lenin describirá a seis miembros del CC: empezará por Stalin, del cual dirá que había acumulado demasiado poder en sus manos como secretario general del partido y dudó de que pudiera usar dicho poder correctamente. Cabe hacer un inciso en este punto para hablar brevemente sobre el cargo de secretario general que ocupó Stalin a partir de marzo de 1921 durante el X Congreso del Partido. En un principio este cargo fue ocupado por Sverdlov, un hombre de ciencia, pero profundamente comunista, el clásico viejo bolchevique. Este murió en el año 1919 y Lenin, sabiendo lo complicado que suponía reemplazar a Sverdlov, propuso que la secretaria se dividiera en tres, una especie de triunvirato. Sin embargo, esto cambió en 1921 cuando Stalin alcanzó de jure la posición que tenía de facto Sverdlov en 1919. Además, el cargo de secretario general fue acumulando con Stalin más y más competencias que antes no tenía. Esto, unido a los cargos que poseía como Comisario del Pueblo para la Inspección Obrera y Campesina y Comisario del Pueblo para las Nacionalidades hizo que Stalin acumulara en sus manos un sinfín de competencias y funcionarios, por lo que la burocratización se extendió rápidamente.

En segundo lugar, habló sobre Trotsky. La disposición de las personalidades no es casual, refleja claramente la preocupación que tiene Lenin por la relación conflictiva entre Trotsky y Stalin. Empieza por Stalin, al que critica y ve como una amenaza de cara al futuro para el partido, y sigue con Trotsky, al que describirá como el hombre más capaz del CC del partido. Lenin destacará el combate que Trotsky había dado en el CC defendiendo causas que él consideraba justas, lo que también nos ayuda a comprender la cercanía de ambos dirigentes. Estas coincidencias políticas se harán evidentes a lo largo del testamento. Sin embargo, cabe mencionar algunas de esas coincidencias: entre ellas destacan la cuestión del monopolio del comercio por parte del Estado en la que Trotsky y Lenin se aliaron contra Stalin y sus simpatizantes, la lucha contra la burocracia o el intenso combate que se desarrolló durante la constitución de la URSS en torno a la cuestión nacional. Aunque también reprochará a Trotsky su excesiva confianza y su obsesión por la parte puramente administrativa de las cosas.

Proseguirá hablando de Zinoviev y Kamenev muy brevemente, de los que dirá que sus dudas ante la insurrección de octubre en 1917 no eran casualidad, aunque esto no se les podía reprochar como argumento político contra ellos. Este recordatorio pretendía poner sobre la mesa la demostrada incapacidad de estos dirigentes para tomar decisiones complicadas en momentos complicados. También en este punto recordará que no podía utilizarse el argumento del no bolchevismo de Trotsky en su contra. Esto siempre fue defendido por Lenin en el partido, ya que era bastante casual el reproche a Trotsky de su no bolchevismo inicial como argumento contra sus tesis políticas. Este último punto ha causado un enorme debate entre los investigadores e historiadores que trataremos en el siguiente punto del artículo. De todas formas, podemos observar claramente ese intento de Lenin por defender a un Trotsky que probablemente se quedaría solo ante una mayoría que se opondría a su candidatura como heredero de Lenin.

En último lugar, habla de los miembros más jóvenes del CC, Bujarin y Piatakov, con 32 y 34 años respectivamente. De estos dirá que se trata de los miembros jóvenes más valiosos del Partido. Bujarin es muy válido y un gran teórico, cabe recordar su papel en la consolidación de la Nueva Política Económica y en el futuro sentará las bases del socialismo en un solo país. Este, según Lenin, desconoce las bases de la dialéctica, es necesario que en el futuro sepa lidiar con esos vacíos. Piatakov poseía una gran voluntad y capacidad, pudiendo asumir tareas políticas de gran calado. También le reprochará su excesiva atracción por las cuestiones administrativas.

Además de estas cartas, cabe mencionar la que fue escrita el 4 de enero de 1923, que constituía el último fragmento del testamento. En esta se muestra mucho más crítico con Stalin, proponiendo que fuera desplazado del poder. A pesar de ser un breve párrafo, es uno de los que más ha trascendido históricamente. Probablemente por la desconfianza que expresa Lenin respecto a las actuaciones de Stalin, al cual le reprochará lo siguiente: “nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin… que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc.” [12]. Lenin volverá a incidir sobre las amenazas de una escisión debido a la tormentosa relación que existía entre Stalin y Trotsky, lo que, de nuevo, por si no hubiese quedado claro, repetía.

En general, podemos observar una clasificación que hace Lenin entre los distintos líderes políticos, destacando tres grupos. Los viejos líderes bolcheviques como Kamenev y Zinoviev quedan descartados por Lenin como posibles líderes del partido. La nueva generación de dirigentes que buscaban reemplazar a Lenin, entre los que estaban Stalin y Trotsky; a estos les dedicará muchas más palabras que al resto, ya que encarnaban el problema presente de la sucesión de Lenin. Finalmente, está la futura generación de dirigentes, encarnada por Bujarin y Piatakov, los cuales debían ser la esperanza para la continuidad de la dictadura del proletariado.

Lenin percibe una posible fractura del partido, expresándolo en los siguientes términos: “Yo creo que lo fundamental en el problema de la estabilidad son tales miembros del CC como Stalin y Trotsky” [13]. Con esta cita podemos observar la profunda desconfianza que siente Lenin por la relación conflictiva entre Trotsky y Stalin, a la cual llega a tildar como el “fundamental” problema para la estabilidad del CC. Esta situación de inestabilidad no era nueva en el partido, algo similar ocurrió en el invierno de 1920-1921 durante la celebración del X Congreso del Partido. Tras las revueltas campesinas a raíz del comunismo de guerra y la rebelión de los marineros en Kronstadt, Lenin no solo temió la ruptura de la alianza obrero-campesina necesaria para el sostenimiento del Estado soviético, sino que además advirtió de una posible fractura interna en el partido. Por ello en ese Congreso se aprobaron una serie de medidas para fortalecer la cohesión interna del partido, entre ellas se decretó la prohibición de las facciones internas, en ese momento el fraccionalismo lo encarnaba la Oposición Obrera, la cual quedó prohibida. Estas medidas supondrían un auténtico quebradero de cabeza para las distintas oposiciones contra Stalin, ya que este utilizó siempre los decretos del X Congreso para aplastar a la oposición.

Lenin quería evitar a toda costa un posible desmembramiento del partido y para ello propondrá una solución: la ampliación en número del Comité Central. Vladimir Ilich propuso incluir en el CC entre 50 a 100 nuevos miembros. Esto lo planteó precisamente con el objetivo de limitar los daños a la estabilidad del partido que suponían los enfrentamientos intestinos en el seno del CC entre distintas personalidades. El número reducido de miembros del CC facilitaba el enfrentamiento entre ciertas personalidades, haciéndolo un círculo cada vez más cerrado donde lo personal cada vez pesaba más. Según Lenin, este nuevo reclutamiento de miembros debía componerse de obreros y campesinos que no hubieran estado más de cinco años en las instituciones soviéticas, para así regenerar el aparato principal del partido. Lenin le da mucha importancia a la idea de desechar la cultura burguesa y zarista que estaba aún presente en ciertas ramas del partido, y para ello era necesaria la labor de obreros fieles al partido que limpiarían las instituciones soviéticas.

Sin embargo, no parece muy realista creer que una simple ampliación de miembros del CC fuese a solucionar los problemas que Lenin percibía, y menos aún los que se cernían sobre el partido. La realidad es que Lenin se encontró en un callejón sin salida que él mismo dispuso. Lenin plantea unos cambios radicales en la dirección del partido y el Estado soviético, además se posiciona contrario a ciertas tendencias que había observado y las cuales quedaban personificadas por Stalin y sus allegados. Esto suponía la apertura de un debate interno y externo para llevar a cabo muchos de los cambios que planteaba. Pero no hay que olvidar que quien prohibió la oposición interna en el partido fue el propio Lenin. Sin embargo, él nunca calculó que se fuera a quedar en una oposición minoritaria dentro del partido, pero eso fue lo que sucedió.

Lenin se dio cuenta tarde de las consecuencias que tuvo a largo plazo la limitación de la democracia interna en el partido y de alguna forma probó de su propia medicina. De hecho, será Trotsky quién herede esta preocupación y demande en numerosas ocasiones, ya en la Oposición de Izquierdas, la revisión de los decretos aprobados en el X Congreso del Partido. Lenin tomó la decisión de prohibir el fraccionalismo en 1921 pensando que esta sería una medida transitoria, es decir, pensando en el corto plazo, aunque ni mucho menos fue algo que hiciera con gusto, sin tener en cuenta las consecuencias. La verdad fue que él no lo entendió como algo que fuera a tener las gravísimas consecuencias que tuvo unos años más tarde. Si bien no sería justo cargar sobre los hombros de Lenin toda la culpa por el ascenso de Stalin, no hay que olvidar ciertas decisiones que se tomaron, en lo que se refiere sobre todo a la limitación de la democracia interna del partido, que allanaron el camino al devenir del estalinismo, aunque fuera inconscientemente.

Entre los días 27 y 29 de diciembre de 1922 se escribieron las cartas concernientes a la reforma del Gosplán, que era la oficina de planificación económica. Esta reforma consistía en otorgar a dicha institución poderes legislativos, como ya había defendido Trotsky antes. Esto implicaba otorgar mayor independencia en la toma de decisiones al Gosplán, es decir, limitar la implicación del CC en la actividad de dicha oficina. Respecto a lo cual Lenin comentó: “El Gosplán debe gozar de cierta independencia y autonomía desde el punto de vista del prestigio de esta institución científica” [14]. Aparentemente, esto podría resultar no muy relevante, pero cabe destacar dos puntos clave que le dotan de una especial importancia: sin duda, podemos observar otro evidente acercamiento entre Trotsky y Lenin, ya que este tema fue ampliamente discutido entre ambos revolucionarios y no llegaron a un acuerdo. Será en su testamento, cuando Lenin recapacite y le dé la razón al ucraniano, lo cual resulta muy significativo para comprender la sintonía existente entre ambos.

El otro punto destacable de estas cartas es la descripción de virtudes que Lenin considera que un buen líder debe tener. Un buen líder no solo debía presentar atención a los asuntos administrativos, que eran importantes, pero no fundamentales, este debía ser alguien cercano a la gente y con una formación científica cuya experiencia superará unas docenas de años. No cabe duda de que para el autor estas cualidades difícilmente se encuentran en una sola persona y por ello es importante compenetrar a dos o más personas que en común junten todas estas cualidades.

Esta política no solo se aplicaba en el Gosplán, Lenin también entendía que esto mismo debía ocurrir en la Oficina de Inspección Obrera y Campesina. A pesar de que estas valoraciones se hicieran a partir de la cuestión del liderazgo del Gosplán, Lenin comienza a referirse a la ideal composición de los liderazgos en todas las instituciones soviéticas. Por ello podríamos trasladar este ideal de líder científico-administrativo a la presidencia del partido o del estado. Al hacerlo resulta evidente que nadie cumplía por sí mismo los requerimientos de los que hablaba Lenin. Lo que también incluía a Trotsky, que a pesar de ser “el hombre más capaz” según Vladimir Ilyich, le reprocha su excesiva atención en los asuntos puramente administrativos, que para él no eran ni mucho menos fundamentales. Esto nos ayuda a comprender qué visión tenía Lenin respecto a la composición del CC y el liderazgo en el estado tras su muerte. Ni mucho menos concibió el control de todo el estado y el partido por una sola persona, sino el de crear un equilibrio de poder en el CC, donde evidentemente quedase excluido Stalin, pero donde cada miembro tuviera su áreas de influencia y competencias. Así que habría que rechazar la idea de que Lenin estuviera preparando o apoyase el establecimiento de una dictadura personal, ya sea de Trotsky o de Stalin.

Las últimas cartas que componen el testamento a analizar son aquéllas en las que trata la cuestión nacional, a raíz de la crisis georgiana, probablemente una de las crisis más graves que sacudió el partido tras el invierno de 1920-1921. Estas serán las cartas de mayor extensión, ya que en ellas Lenin no solo se dispone a relatar los eventos que habían llevado a dicha crisis, sino que además señalará a los culpables y propondrá una solución. Esta crisis empezó con la constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en octubre de 1922, cuando Stalin como Comisario para las Nacionalidades dicto su proyecto de “autonomización”. Este proyecto fue rechazado en muchos puntos por Lenin que afirmaba que Stalin “quería moverse demasiado rápido” [15]. Este pensaba que Stalin no garantizaba en su proyecto la igualdad real entre todas las Repúblicas Soviéticas que compondrían la Unión. Por ello, envió una carta en la que pedía la revisión y corrección de ciertos artículos. Esta carta fue desaprobada por Stalin en los siguientes términos: “debemos mantenernos firmes contra Lenin” (respuesta a un telegrama de Kamenev) [16]. Finalmente, se vio obligado a hacer ciertos cambios, superficiales, en su proyecto.

Uno de los temas más controvertidos de la “autonomización” fue la creación artificial de una República Socialista Soviética de Transcaucasia, formada por la unión de Azerbaiyán, Armenia y Georgia. Esta última estaba dirigida por un Comité Central de mayoría menchevique, siendo la más reacia a aceptar el proyecto de Stalin, ya que lo veía como un atropello a su soberanía. Este revuelo llevó a que Stalin crease una comisión especial para resolver este conflicto compuesto por dos leales aliados: Ordzhonikidze y Dzerzhinski. El primero protagonizará un enfrentamiento directo que llegará a las manos con alguno de los miembros del CC georgiano, cuando este se disponía a reelegir un nuevo CC que aprobase la resolución del CC de Moscú. Esta controversia fue ocultada a Lenin hasta finales de 1922, cuando el mismo Dzerzhinski le confesó lo ocurrido, lo cual tuvo un fuerte impacto sobre Lenin. Nada más conocerlo se apresuró a escribir a los antiguos miembros del CC de Georgia en los siguientes términos: “¡Queridos camaradas! Sigo vuestro asunto con todo mi corazón. Disgustado por la rudeza de Ordjonikidze y la connivencia de Stalin y de Dzerzhinski” [17]. Lenin estaba profundamente disgustado y sentía que la situación se le estaba yendo de las manos, es por ello por lo que recurrirá a Trotsky en una carta que le enviará el 5 de marzo de 1923, dos días antes de sufrir el ataque que le inmovilizará y apartará definitivamente de la actividad política. En esta carta le pedía a Trotsky que defendiera la causa de los georgianos en el CC contra Stalin, a la cual Trotsky respondió afirmativamente [18].

Las cartas sobre la cuestión nacional se escribieron entre los días 30 y 31 de diciembre de 1922. Estas empiezan con un Lenin muy arrepentido por todo lo que había ocurrido, expresándolo de la siguiente manera: “Me parece que he incurrido en una grave culpa ante los obreros de Rusia por no haber intervenido con la suficiente energía y dureza en el decantado problema de la autonomización” [19]. En ellas, Lenin señala a los responsables de la crisis, entre los que están Stalin, Dzerzhinski y Ordjonikidze, los cuales debían ser fuertemente castigados. Incluso propondrá la expulsión temporal del partido, aunque esto en el futuro será rechazado curiosamente por el propio Trotsky. Lenin se referirá a estos como “chovinistas Gran rusos” y catalogará su comportamiento como propio de “imperialistas” y “social-nacionalistas”. Importante no caer en un anacronismo: este último término no tenía las implicaciones fascistas que tendrá en el futuro. Alertará sobre las amenazas que suponía permitir ese tipo de comportamientos y dinámicas, que las veía como una herencia de los valores zaristas y burgueses que aún infectaban al Estado soviético. Fue muy claro en la necesidad de respetar los tiempos en lo que se refería a la constitución de la URSS, de andar despacio y con buena letra, ya que correr podría debilitar enormemente a la futura URSS tanto a nivel interno como externo. Para proceder cuidadosamente era necesario fortalecer la Unión en un sentido estrictamente diplomático, para después, ya habiendo afianzado la base, avanzar hacia una mayor integración económica y política, pero siempre respetando en pie de igualdad al resto de RSSs. Lenin dará mucha importancia al respeto de las costumbres y las lenguas del resto de naciones, que debían de ser protegidas frente al ruso.

Estos planteamientos entran dentro de lo que Lenin consideraba la “posición proletaria sobre el problema nacional”, de la cual hablará en su testamento para dar más solidez a las propuestas y críticas que hace. Este afirma la vital importancia que tiene diferenciar entre el nacionalismo de la nación oprimida y el nacionalismo de la nación opresora. La visión proletaria, frente a la burguesa o pequeño burguesa, comprende la diferencia entre ambos casos y la necesidad, no solo de reconocer la igualdad formal entre todas las naciones, sino la de alcanzar esa igualdad de forma efectiva. Esto obligaba a tener que aceptar ciertas desigualdades en el seno de la antigua nación opresora, con el objetivo de reparar la memoria de los pueblos oprimidos que aún recordaban cómo habían sido reprimidas sus costumbres, lenguas y religiones.

Para Lenin esta cuestión tenía una importancia inmensa por dos motivos principales: una política incorrecta en lo referente a la construcción del Estado soviético podía desalentar a la revolución en oriente, a la cual se le prestó mucha más atención desde 1921. Si el excesivo centralismo rompía la confianza que tenían los pueblos y etnias del oriente soviético, esto podría poner en jaque el internacionalismo y la solidaridad para la futura revolución en el continente asiático [20]. Los pueblos periféricos de la URSS eran vistos por Lenin como un posible puente para estrechar lazos con el oriente efervescente.

La supervivencia del Estado soviético y el devenir de la revolución mundial pasaban por garantizar el absoluto respeto a estas poblaciones históricamente denostadas por la administración zarista. En contraste con Stalin, Lenin parecía mucho más consciente de lo determinante que podía ser en el devenir revolucionario del continente asiático, no limitándose a tener una visión puramente nacional. En este sentido Lenin se muestra mucho más preocupado por el internacionalismo que un Stalin que presentó un proyecto estrictamente nacional, cuyo enfoque no era tanto crear mecanismos para fortalecer el internacionalismo entre las nacionalidades soviéticas como el de crear un estado nacional sólido. Esto adelanta algunas cuestiones como la confianza de Stalin en un proyecto nacional con bases homogéneas claras y centralizado frente a un proyecto de tipo internacionalista y voluntarista.

Y precisamente esto explica los furibundos ataques que el nacionalismo ruso actualmente lanza contra Lenin como “el destructor de todas las Rusias” pero callan respecto a Stalin, a quien se presenta como alguien que corrigió los errores de la primera etapa de la revolución. Esta interpretación la recoge a la perfección el polemista e ideólogo nacionalista Alexander Projanov quien, respondiendo a una pregunta sobre el “borrado de la historia nacional que acometieron los bolcheviques”, afirma: “fue Stalin, aunque no completamente, pero en muchos aspectos, quien devolvió a la conciencia histórica del pueblo la idea de que la historia del país no comenzó en 1917. Fue Stalin quien devolvió a la historia rusa nombres como Nevsky, Suvorov, Kutuzov” [21].

Notas:

[1]Robert Vincent Daniels, The Conscience of the Revolution: Communist Opposition in Soviet Russia, 2011, 259.

[2]Boris Bazhanov, Avec Staline dans le Kremlin (Paris: Editions de France, 1930), 43-47; Lev Davidovich Trotsky, Stalin: una valoración del hombre y su influencia (Fontamara, 2017), 467.

[3]Max Eastman, Since Lenin Died (Nueva York: Boni and liveright publishers, 1925), 28-32.

[4]Isaac Deutscher, El profeta desarmado (1921-1929) (México: ERA, 1968), 202.

[5]Yuri Felshtinsky, «Lenin, Trotsky, Stalin and the Left Opposition in the USSR 1918-1928», Cahiers du Monde russe et soviétique 31, n.o 4 (1990): 2-11; Lev Davidovich Trotsky, «New International, Vol.1 (On Max Eastman)», noviembre de 1934, sec. No 4, 125-26.

[6]J. Donald Adams, «Lenin betrayed by his party; His “Testament,” Praising Trotsky and Attacking Stalin-Zinovieff Group, Was Suppressed», The New York Times, 12 de julio de 1925, sec. Archives.

[7]Pierre Broué, Comunistas Contra Stalin, ed. Andreu Coll Blackwell, trad. Margarita Díaz Pérez y Juan Antonio Herrero Díez (Sepha, 2010), 120.

[8]Vadim Z. Rogovin, Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years 1928-1933 (Oak Park, Michigan, 2021), 446.

[9]Rogovin, 447-49.

[10]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo III (Moscú: Editorial Progreso, 1961), 424.

[11]Lenin, 424.

[12]Lenin, 404.

[13]Lenin, 404.

[14]Lenin, 406.

[15]Rogovin, Was There an Alternative?, 85.

[16]Rogovin, 85.

[17]Vladimir Ilich Lenin, Obras completas tomo 54, Cartas Noviembre de 1921-marzo de 1923 (Moscú: Editorial Progreso, 1988), 372.

[18]Rogovin, Was There an Alternative?, 90-91.

[19]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo XII (Moscú: Editorial Progreso, 1973), 157.

[20]Lenin, Obras escogidas tomo III, 409.

[21]Александр Проханов, «Александр Проханов: Сталин — помазанник божий», fontanka.ru - новости Санкт-Петербурга, 11 de agosto de 2011.