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Mié, Mar

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‘Socialismo o barbarie’… Casi cien años después de su primer enunciación, por Rosa Luxemburg, el dilema continúa pleno de vigencia y muestra sus múltiples expresiones: las crisis económicas, la miseria y el desempleo masivo, incluso en los países ‘ricos’, que afecta sobre todo a los más jóvenes, la hiperconcentración de la riqueza, el retorno de los peores niveles de desigualdad social, las guerras impulsadas o manipuladas por las potencias capitalistas, la creciente degradación ambiental, el repunte de del racismo y la xenofobia, y las distintas formas de opresión.

En esta segunda década del siglo XXI los trabajadores y los empobrecidos y oprimidos del mundo todo, encaran, en la vieja lucha de clases, una ofensiva generalizada del capital y los poderes políticos del capitalismo, incluidas las grandes corporaciones de medios, contra los derechos, conquistas y condiciones de vida del pueblo trabajador. Una ofensiva del todo compatible con el discurso de ‘derechos humanos’ individualista y abstracto del liberalismo.

Para todo activista social y luchador socialista, se torna más que evidente la urgente necesidad de avanzar en la coordinación solidaria de las luchas contra un sistema social, el capitalismo global, bajo el cual la humanidad simplemente no tiene futuro, un orden inherentemente perverso que sin remedio condena a centenas de millones de personas y a regiones enteras del orbe a la explotación, la miseria, la dependencia y la guerra.

Hoy, solo la más cándida ingenuidad, el derrotismo escéptico o la mala fe de los apologistas bien remunerados, puede intentar velar el hecho, notorio como una catedral, de que NO HAY CAPITALISMO BONACHON, NO HAY CAPITALISMO CON ROSTRO HUMANO! Y tampoco ‘nacional-popular’.

El fracaso final de los diversos gobiernos ‘progresistas’, en América latina y en Europa, más allá de conquistas que hay que defender, vuelve a confirmarlo. El capitalismo no tiene futuro. Y menos que menos este capitalismo periférico-semicolonial que hemos de padecer los latinoamericanos.

Para contribuir al fortalecimiento de la organización, la capacidad de acción y la conciencia política de clase del pueblo trabajador, surge el MOVIMIENTO SOCIALISMO Y LIBERTAD, un instrumento para la coordinación política de la  resistencia social, el desarrollo del pensamiento crítico, en directa relación con el movimiento, el debate democrático de las orientaciones y la reconstrucción de un proyecto social alternativo al orden existente, socialista e internacionalista.

Una propuesta para reagrupar a la izquierda socialista y ofrecer una herramienta que apoye y consolide los esfuerzos del amplio y diverso activismo social, y para construir acuerdos con los otros grupos y organizaciones sociales y políticas de la izquierda.

Con este fin, presentamos un texto general de bases programáticas, para su estudio y discusión por los grupos y activistas que se involucren el proceso democrático de construcción del MSL. Criterios y propuestas que nos delimitan como organización de izquierda anticapitalista y socialista.

Entendemos el programa como una herramienta q nos permita establecer y hacer visible un puente entre las necesidades y reivindicaciones inmediatas y actuales, en q pueden reconocerse los distintos sectores sociales, y las tareas y objetivos más generales de la lucha contra el capitalismo, como condición de posibilidad para comenzar a superar la crisis civilizatoria en q poco a poco se va sumergiendo la humanidad entera.

-Bajo la dictadura del capital no hay salida.

Ser de izquierda es ser anticapitalista. Tras cinco siglos de experiencia histórica, resulta abrumadoramente evidente que el capitalismo, en sus diversas versiones, no tiene futuro, no merece tenerlo, porque no puede dar lugar a un orden social justo, libre de explotación y distintas formas de opresión. Su sobrevivencia incluso amenaza con llevar a una catástrofe involutiva, social, política, cultural y ambiental.

En la nueva fase de despliegue histórico del capitalismo como sistema social dominante en escala planetaria, la llamada ‘globalización’, a la profundización de sus peores rasgos, de desempleo masivo, pobreza y desigualdad, se agrega el incrementado poder internacional de las grandes corporaciones, en estrecho vínculo con sus respectivos Estados.

Como socialistas, luchamos no solo contra la versión neoliberal del capitalismo, denunciamos por desmovilizadoras, despolitizadoras y contraproducentes, las ilusiones ‘neokeynesianas’, ‘neodesarrollistas’ o ‘nacional-populares’, que trafican un falso socialismo, que no apuntan a tomar medidas anticapitalistas, la socialización de los principales medios de producción, en un proceso de construcción de una democracia socialista, sino que se limitan a reformas asistencialistas, que en verdad se convierten en un callejón sin salida, que termina llevando agua a los molinos de la derecha y provocando retrocesos reaccionarios.

-Romper la dominación imperialista.

Como latinoamericanos, conocemos perfectamente los efectos de la subordinación semicolonial provocados por el control de la economía y la política mundiales por las corporaciones y los Estados centrales. Una de las razones del fracaso final de las experiencias ‘progresistas’ es la ilusión de que se puede encontrar una vía de desarrollo económico-social sin expropiar a los grandes capitalistas locales y sin romper con los mecanismos de la sujeción imperialista, sea la deuda externa, los tratados de ‘libre comercio’ o la normativa sobre patentes, que monopolizan el control corporativo sobre el conocimiento. Luchar contra la dependencia capitalista es luchar por la Federación Socialista de América latina.

-Sin independencia de clase no hay política socialista.

Ignorar la estructura de clases, la desigualdad social estructural, lleva inevitablemente a una concepción abstracta y mistificadamente liberal de ‘ciudadanía’. Es decir, la atomización individualista de la sociedad, burda ideología que busca enmascarar la dominación clasista burguesa sobre el pueblo trabajador, de todos aquellos que ‘para vivir dependen de la venta de su fuerza de trabajo, manual o intelectual’.

Solo sobre la base de la independencia de clase de los explotados y oprimidos se puede construir una organización política capaz de avanzar en la lucha contra el capitalismo. Y solo sobre la base del reconocimiento del conflicto de clase entre los dueños del capital y los trabajadores, los que crean la riqueza, se puede elaborar un concepto de ciudadanía correspondiente a una democracia socialista. Los discursos ‘progresistas’ que ignoran el conflicto y la dominación de clases son, conscientemente o no, un obstáculo absoluto para resolver el retroceso en la conciencia política de clase de los explotados, provocado por la degeneración burocrática del proyecto socialista en el siglo XX.

-Profundizar y defender cada conquista.

La defensa del salario, el combate contra la desocupación y la degradación del empleo, la exigencia de una reforma tributaria que obligue a los ricos a pagar como ricos, la lucha contra la privatización de empresas y servicios públicos, la nacionalización de las principales fuentes de creación de riqueza y de todo el sistema bancario, su gestión eficiente y sometida a control democrático, la denuncia de la corrupción corporativa-empresarial de la política, son algunas de las principales reivindicaciones que levantamos en la situación actual del país. La defensa de cada conquista social la hacemos en el marco de la denuncia de su carácter frágil e irremediablemente limitado dentro del capitalismo.

-Democratizar los sindicatos y movimientos sociales.

La burocratización de los sindicatos es lo que permite la entronización antidemocrática de dirigentes ‘eternos’, que son un obstáculo absoluto para el desarrollo de la acción y la conciencia de los trabajadores y los oprimidos. Democratizar los sindicatos y movimientos sociales es una tarea urgente para avanzar en la recomposición del movimiento obrero y popular.

-Defender y ampliar los derechos democráticos.

La ofensiva de los patrones, sus políticos y su Estado, contra el pueblo trabajador, no se limita a lo económico, avanza previsiblemente sobre los derechos y libertades democráticas.

Desde el bloqueo casi absoluto del derecho a la sindicalización en el sector privado, impuesto por la dictadura de la patronal y la política de los gobiernos de los últimos 50 años, hasta  la penalización del derecho de las mujeres a ejercer control sobre su propio cuerpo y su capacidad reproductiva, pasando por el control casi total sobre los medios de comunicación y el derecho a la información de los ciudadanos, o la resistencia a erradicar el anacrónico, incluso para el capitalismo periférico latinoamericano, carácter confesional del Estado costarricense (en que se apoya buena parte de los privilegios de la iglesia católica), que se ejemplifica en la medieval prohibición del procedimiento FIV, muchas son las expresiones de esta tendencia antidemocrática, como las absurdas y castrantes limitaciones de que son objeto los jóvenes en la construcción y expresión de su identidad, así como en el derecho a ejercer informada y racionalmente su derecho a la sexualidad, en el conservador y autoritario sistema educativo.

Lejos del ‘derechohumanismo’ abstracto típico del establecimiento político-mediático, afirmamos q la democratización de los medios de comunicación o la laicización del Estado, entre otras muchas medidas, resulta imprescindible para un verdadero ejercicio de ciudadanía, individual y social. La ‘libertad’ liberal, en el marco de la explotación y la desigualdad capitalistas, es una falsa libertad, es la ‘libertad’ para unos cuantos, y por tanto, en realidad, para nadie.

-Detener e invertir la suicida degradación ambiental.

El carácter ambientalmente depredador del capitalismo no puede escapar hoy a ninguna persona honesta y sensatamente preocupada por los crecientes riesgos ecológicos que amenazan al planeta. Los efectos del cambio climático se abaten sobre todos, pero afectarán particularmente a los empobrecidos del mundo y a los países dependientes-semicoloniales.

La izquierda anticapitalista, y la intelectualidad marxista, desde muy temprano, incorporó en su perspectiva la denuncia de las formas irracionales de explotación de los recursos, a las que lamentablemente tampoco escapó el llamado ‘socialismo’ burocráticamente degenerado.

La lucha por la emancipación social pasa también por la defensa del entorno natural que habitamos, en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad, que en realidad es su precondición.

-Contra toda forma de opresión.

El racismo, el patriarcado, la homofobia, la xenofobia, entre otras formas de opresión, persisten en la medida que resultan diversamente funcionales a la reproducción social amplia de la sociedad fundada en la explotación capitalista del trabajo humano. La reproducción y transmisión cultural de prejuicios y discriminaciones limitantes, constituyen formas anacrónicas de opresión que se articulan a la división  clasista de la sociedad, fundamento del régimen social capitalista, dando lugar a ideologías odiosas, humillantes, cuyo objetivo es dividir y enfrentar a los explotados y subordinados, limitando y socavando su capacidad de resistencia y de confluencia solidaria en la lucha y el proyecto histórico de emancipación.

Las corrientes pequeñoburguesas se empeñan en separar opresión de explotación capitalista, incluso pretendiendo ignorar la segunda, postulando un particularismo que, conscientemente o no, se torna funcional al statu quo.

Para los socialistas, la lucha por la superación del capitalismo es también la lucha contra toda manifestación de las distintas formas de opresión, contra las mujeres, los negros, los pueblos originarios, la comunidad gay, los migrantes, como parte del proceso de construcción, ya en el presente, de un verdadero concepto de Humanidad, capaz de reconocer e integrar las diferencias culturales e identitarias.

-La juventud es el porvenir.

El capitalismo está en guerra contra los jóvenes de las familias trabajadoras, incluyendo las capas medias asalariadas. En el capitalismo avanzado como en buena parte de América latina, las tasas de desempleo juvenil doblan las tasas promedio, ya muy elevadas. El poco empleo generado suele ser a tiempo parcial, mal remunerado, inestable, sin cobertura de seguridad social, de poca calificación, rutinario, alienante. Muy lejos del concepto de Marx del trabajo como momento de realización y gratificación humana.

La degradación de la inserción laboral envilece por su vez la condición de ciudadanía individual y social, coarta el acceso a los bienes culturales, el derecho a decidir si y cuando y con quién formar una familia, limita severamente el acceso a los elementos imprescindibles para un proyecto de realización personal, el derecho de los jóvenes a una vida gratificante, a ser felices.

La lucha contra el capitalismo es la lucha por el presente de los y las jóvenes, por su derecho a contar con los recursos y oportunidades para construir un futuro mejor, para sí mismos y las generaciones por venir.

-Democracia Socialista e Internacionalismo socialista.

Como socialistas reivindicamos los intentos de construcción de sociedades postcapitalistas del siglo XX. Pero lo hacemos desde la comprensión de su trágico fracaso, a partir de la degeneración burocrática, y de la necesidad aún pendiente, apenas encaminada, de someter la experiencia en sus puntos en común y sus singularidades a un severo examen crítico, que nos permita separar los aspectos rescatables de cara a la reconstrucción del proyecto socialista.

No bastan las luchas de resistencia para avanzar en la abolición del capitalismo. Para recuperar la confianza de los explotados y oprimidos en el socialismo, como salida histórica en todo superior al capitalismo del presente, es necesario desarrollar un trabajo de  reelaboración de la idea socialista, a partir de la experiencia acumulada y de la más precisa comprensión de las características, contradicciones y posibilidades q definen al capitalismo contemporáneo.

La lucha contra el capitalismo se da también en la elaboración en profundidad de nuestra concepción de Democracia Socialista, de derechos y libertades individuales, sociales y culturales. La libertad individual solo puede fundarse en la solidaridad, en una comunidad solidaria, de individuos iguales en la libertad.

Finalmente, la lucha contra el capitalismo es y tiene que ser internacional, porque el capitalismo es mundial, porque la producción y el consumo se han internacionalizado, porque nadie puede ignorar las relaciones de fuerza en el sistema político internacional, los movimientos de las potencias imperialistas y sus intereses geopolíticos, los procesos culturales vinculados a la ‘globalización’ capitalista, la internacionalización de los mercados laborales, los procesos migratorios voluntarios o compulsivos, las amenazas ambientales, etc.

Es el internacionalismo socialista el q nos permite levantar el nacionalismo anti-imperialista y combatir las diversas formas de nacionalismo reaccionario.

El MOVIMIENTO SOCIALISMO Y LIBERTAD aspira a ser un marco de reagrupamiento de la izquierda anticapitalista y socialista, un espacio para apoyar las luchas sociales y para consolidar las experiencias. Esta base programática debe delimitar el campo de la convergencia y poner los principios teórico-políticos para abordar las diferencias y debates, inevitables en la medida q expresan la complejidad de la realidad sobre la que intervenimos.

Sin organización, todo avance, todo logro, se revela frágil y amenazado de reversión. Invitamos a todos y todas las activistas y luchadores sociales a sumarse al esfuerzo de poner en pie esta herramienta político-organizativa, fundada en la democracia interna, lejos de toda pretensión de uniformidad, imposible e indeseable, y contra todo reflejo auto-proclamativo.

SOCIALISMO Y LIBERTAD.

Por la convergencia y reagrupamiento de los socialistas!

San José, septiembre de 2016.

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