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Por Sergio Méndez Moissen

Nada merece ser borrado de la historia

Este trabajo versa sobre el “acontecimiento” fundador de la Revolución de 1933 en Cuba. Una coyuntura que duró unos escasos días, la huelga general de agosto, que determinó la caída del dictador Gerardo Machado en Cuba. Este es un “acontecimiento” central en la historia de Cuba. La revolución de 1933: es un acto constitutivo.

De esta coyuntura surge la pelea política de las tendencias revolucionarias de izquierdas: en la huelga general de agosto de 1933 se definió mucho del futuro de Cuba y en especial sobre el desenlace en el “Gobierno de los 100 días”. El surgimiento del Partido Bolchevique Leninista se dio producto de una pelea política interna en el Partido Comunista de Cuba en medio de la Revolución de 1933: son los orígenes del trotskismo en la isla.

La Revolución de 1933 en Cuba fue una de más complejas del llamado corto Siglo XX y merece toda la atención, por su fuerza y complejidad. Debe ser situada y analizada junto a procesos europeos como la revolución de 1917 en Rusia bajo la dirección de los bolcheviques, la revolución de 1918 en Alemania y la revolución Bávara de 1919 y la revolución y guerra civil en España (1936-1939). Al mismo tiempo constituyó uno de los más importantes dramas del Siglo XX en América Latina junto a la Revolución de 1910 en México con Villa y Zapata a la cabeza, la Revolución de 1952 en Bolivia y la Revolución de 1946 en Haití. La Revolución de 1933 en Cuba es parte significativa del llamado Siglo XX: la época de la catástrofe.

Las elaboraciones sobre la historia de este acontecimiento son desbordantes. Las visiones globales incluyen la obra de Raúl Roa (1976), Lionel Soto (1985), Rolando Rodríguez (2015), Newton Briones, (1998 y 1999), Fernando Martínez Heredia (2007), Caridad Massón (2004) y en México la obra de Paco Ignacio Taibo II (2009).

La Revolución de 1933 podría destacar estudios de diversos movimientos y fenómenos políticos. Es decir, se puede estudiar a partir de un infinito de tópicos historiográficos y por eso abundan textos sobre el movimiento estudiantil (DEU, AIE), el terrorismo individual y el ataque armado urbano (ABC), la historiografía del Partido Comunista de Cuba (PCC), de los antecedentes de Julio Antonio Mella con la obra de Christine Hatzky (2008) de la vida y obra de Antonio Guiteras en especial la obra publicada por Ana Cairo Antonio Guiteras 100 años, de los soviets y las tomas de las centrales en Mabay, del Gobierno de los Cien Días, y un largo, etc. Merece, incluso, un estudio urbano de todos los combates que desencadenaron la caída de Machado.

En este texto proponemos una hipótesis de investigación: en el campo revolucionario merece y vale la pena estudiar, al mismo modo del guiterismo, de la obra de Martínez Villena y del PCC y del marxismo por la libre de Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau, personalidades y corrientes políticas desbordantes como un océano, el movimiento trotskista cubano, por la sencilla razón de que este movimiento participó de un modo central en la caída de Machado.

Es más, siendo sinceros merece ser estudiada también desde el punto de vista de los anarquistas. Ambas corrientes políticas han sido marginadas de los estudios de la historia de la Revolución del 1933. ¿Por qué? Naturalmente porque fueron derrotadas, pero vale la pena decir que el guiterismo, los marxistas por la libre del Ala Izquierda Estudiantil, del Directorio Estudiantil Universitario y el PCC también. Entonces, el criterio debe ser “no hay nada que merezca ser borrado de la narración de la historia”.

En un último viaje a la Biblioteca Nacional José Martí descubrí que existía un pequeño grupo anarquista que reivindicaba el pensamiento de Luxemburgo y de Gustave Landauer, tenían un periódico y se llamaba Insurrexit. El día 10 de diciembre de 1934, fecha de una de las publicaciones, en el periódico de los anarquistas cubanos se critican a todos los partidos (incluidos el APRA, el ABC, el PCC) por su programa antimperialista y por su “no crítica” al capitalismo.

Hacen un homenaje al anarquista judío alemán Gustave Landauer, reivindican a Rosa Luxemburgo, Karl Liebneck, y a Bazaáyle. En su detracción a los partidos de izquierda decía:

Todos los partidos políticos de Cuba, al unísono, no cesan en fastuosas e interminables catalinarias, con bombos y platillos, desbarrar sobre la liberación nacional. Desde los “auténticos” pasando por el APRA, el ABC – este veladamente ya que sus campañas son sostenidas por el Comercio, que casi en su totalidad es extranjero hasta el PAC, con su exclusiva y patentada Revolución Agraria Antimperialista [...] Para ellos mal estriba, no en el Capitalismo, sino en el Imperialismo, y... ¿Qué cosas es el Imperialismo, sino una consecuencia del capitalismo? Por eso afirmamos una vez más que solo es una comedia de a ten cents que realizan los partidos, sin distinción ni colores.[i]

Como sugería Walter Benjamin, un marxista heterodoxo y mesiánico, todos los acontecimientos valen la pena ser rescatados por la historia: no hay eventos que merezcan ser olvidados. Dice Benjamin en sus Tesis sobre el concepto de historia:

El cronista que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños responde con ello a la verdad de que nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia. Aunque, por supuesto, sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado. Lo que quiere decir: sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su pasado en cada uno de sus momentos. Cada uno de sus instantes vividos se convierte en una citation à l’ordre du jour, día éste que es precisamente el día del juicio final.[ii]

En esta tónica metodológica e historiográfica es que afirmamos: merecemos conocer más del pasado y nunca es suficiente volver, revisitar, revisar y revalorar los sucesos que marcaron nuestro presente y definirán nuestro futuro. No es por tanto una discusión sobre el pasado que fue sino una discusión para pensar la fortaleza del presente. Daniel Bensaid decía que la historia pertenece a los que buscamos en el pasado los catalejos, los telescopios y gafas que nos den herramientas para comprender los contornos inciertos del futuro. Entonces, nos confería una doble responsabilidad “rescatar la tradición del conformismo y abrir bien los ojos ante los contornos inciertos de los tiempos que vienen”.[iii]

Cuatro fases de la Revolución de 1927 a 1935

Para revisitar los tiempos que corren, de caída del horizonte utópico y del fin de los paradigmas de la transformación del mundo es que vale la pena volver al pensamiento y tradiciones revolucionarias del pasado. Luego de la caída del “estalinismo” y de la restauración del capitalismo en toda Europa, merece la pena volver a la historia para nutrirnos del pensamiento libertario y revolucionario para los nuevos tiempos, más duros, complejos y dramáticos.

¿Merece la pena volver a estudiar la obra de Trotsky sobre la degeneración de la primera revolución socialista de la historia, sus definiciones de Estado Obrero Deformado y de los sucesos que convirtieron la revolución más insólita del mundo en el Siglo XX en el régimen estalinista?

¿Dice algo la obra de Trotsky y su análisis de la casta parasitaria de la URSS en la Cuba de hoy en medio de un torbellino de reformas económicas y políticas en el entorno de la crisis capitalista del Siglo XXI? Volveremos a esta pregunta, pero primero, lo primero. En medio de una infinita producción historiográfica hemos decidido esbozar cuatro fases de la Revolución de 1933: en la segunda de ellas el trotskismo logró participar de forma decidida.

Proponemos una división del proceso revolucionario en las siguientes cuatro fases.

Uno. El desarrollo de una situación pre-revolucionaria. Con la ruptura de amplias franjas de la pequeña burguesía (estudiantil y profesional) con el régimen de Machado y con un ala de políticos de corte burguesa (la Unión Nacionalista) se fueron incrementando las contradicciones con el régimen. Entre la disputa interburguesa y la lucha estudiantil, el movimiento obrero aparecería claramente fortalecido por vez primera con una huelga reivindicativa en 1930.

Este periodo va de 1927 a 1931. El principal agente protagónico fue el movimiento estudiantil y de organizaciones como el ABC que agrupaban a estudiantes y profesionistas. El primer momento comienza en 1927 con el surgimiento del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) en contra de la Prorroga de Poderes y las manifestaciones en toda la Isla contra la medida de Machado de permanecer en el poder.

Un aviso del potencial de la clase trabajadora es en 1930 con la huelga general de marzo convocada por la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el Partido Comunista de Cuba dirigido por Rubén Martínez Villena. El PCC ligado a la III Internacional Comunista (de corte estalinista) compartía la idea del llamado Tercer Periodo y tuvo una posición sectaria con la ruptura de la pequeña burguesía con el régimen de Machado.

Un segundo momento de protestas estudiantiles es el 30 de septiembre del mismo año (1930) con la protesta que culminó con el asesinato del joven alumno Rafael Trejo. Un año después surgió el Ala Izquierda Estudiantil de corte marxista anti-imperialista “por la libre” (no orgánica del PCC) que incluyó a Raúl Roa, Pablo de la Torriente y Juan Ramón Brea.

En 1931 una disputa interburguesa armada socavó la fuerza de la dictadura con la insurrección de Río Verde y Gibara por parte de la Unión Nacionalista fomentando el nacimiento de organizaciones de tipo “terrorista” (el ABC en 1931) como muestra de la desconfianza de amplias capas de la pequeña burguesía ilustrada con los viejos políticos y sus organizaciones. Para 1930 el movimiento obrero había aparecido con sus propios métodos como la huelga.

Sin embargo, este primer periodo estaba dominado por el enfrentamiento armado y militar de un bloque de organizaciones antimachadistas de distintos posicionamientos políticos (la Unión Revolucionaria de Antonio Guiteras de carácter antimperialista, el ABC de corte “fascista”, el DEU democrático burgués reformista) y por las protestas estudiantiles y de la oposición burguesa. Ante esta situación pre-revolucionaria el gobierno de los Estados Unidos emprendió un proceso de “mediación” al que aceptaron participar el ABC y la Unión Nacionalista y fue combatida por el PCC, la UR y el DEU y el ABC Radical Revolucionario (desprendimiento por izquierda).

Dos. La crisis revolucionaria de agosto de 1933 con la huelga general política contra Machado y la mediación. Este periodo llegó a su más alto punto de desarrollo la acción obrera con la huelga general espontánea de agosto de 1933 en contra de la mediación del embajador de los Estados Unidos Summer Welles, que pretendía hacer un recambio de gobierno sin alterar la estructura social y la subordinación a los Estados Unidos. Esta huelga no fue analizada por el PCC como una huelga política por lo que su Comité Central llamó a “regresar al trabajo pues era mejor un Machado debilitado que un gobierno de derechas”. En vez de llamar a la toma del poder por el proletariado en huelga consideró que, de caer Machado, el ABC tomaría el gobierno. En este periodo la Oposición de Izquierdas (OCI) dentro del Partido Comunista de Cuba, que combatió en su seno la idea del Tercer Periodo, y varios dirigentes de la Federación Obrera de la Habana (FOH) rompieron con el PCC y formaron el Partido Bolchevique Leninista (trotskista) en septiembre de 1933, el cual se adhirió a la Liga Comunista Internacionalista afín a la idea de construir una IV Internacional. La FOH, organizaciones anarquistas y trotskistas declararon al PCC traidor del movimiento obrero en huelga al proponer el regreso al trabajo.

En 1933 se desató una “crisis revolucionaria” en términos leninistas. Los de “abajo no pueden ser gobernados como antes y los de arriba no pueden gobernar como antes” y se produce una crisis orgánica de régimen. Consideramos que esta era una oportunidad revolucionaria para la toma del poder de los trabajadores. En este momento de efervescencia obrera, hubo ocupación de ingenios azucareros (supuestos soviets como el de Mabay). La oportunidad de ligar las ansias obreras con la pequeño-burguesía estudiantil (como el DEU, el AIE) fue desperdiciada por la falta de una organización revolucionaria.

Tres. El heterogéneo Gobierno de los 100 días mostró la crisis de poder burgués y el enfrentamiento de forma cruenta entre revolución y contrarrevolución. Ante el vacío de poder burgués el 4 de septiembre se desarrolló una crisis en las Fuerzas Armadas y junto con el DEU militares y estudiantes tomaron el poder. Este gobierno heterogéneo tenía tres alas (el centro encabezado por Ramón Grau San Martin, el ala izquierda por Antonio Guiteras y el ala derecha por Fulgencio Batista). Este régimen de estudiantes y militares puso en práctica medidas de izquierda y de derechas. Fue escenario de enfrentamientos contra la reacción armada reaccionaria (los altos mandos de las fuerzas armadas en el Hotel Nacional destituidos por el movimiento del 4 de septiembre), contra los miembros del ABC en el combate de Atarés, contra el PCC y las organizaciones obreras en la manifestación en homenaje a las cenizas DE Julio Antonio Mella.

Dicho gobierno no fue reconocido por los Estados Unidos y recibió la amenaza de una invasión militar imperialista. Fue caracterizado por PCC y la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) como un gobierno “fascista”, pues no observó su carácter heterogéneo. Por derechas el ABC, los Estados Unidos y los viejos políticos como Carlos Mendieta lo consideraron demasiado “izquierdista” y con fuertes aspiraciones comunistas. En el caso del PBL y la FOH (de corte trotskista) lo calificaron como “heterogéneo” de características pequeño-burguesas. El PBL lo combatió, tomando en cuenta su “incapacidad” para resolver las ansias obreras, aunque surgió de su seno un desprendimiento que apoyó el ala izquierda encabezada por Guiteras (especialmente en Guantánamo) para fundar después Joven Cuba.

Cuatro. El triunfo de la reacción. El gobierno Caffery-Batista-Mendieta. Con la destitución de Grau San Martin y la persecución de Antonio Guiteras, el poder lo toman las fuerzas armadas desplazando a las tendencias de centro e izquierda del Gobierno de los Cien Días. La nueva administración compuesta por el embajador norteamericano Jefferson Caffery, el jefe del Ejército Batista y el presidente Mendieta atacó duramente a las organizaciones de izquierda (el PCC, el PBL, la CNOC, la FOH). En este periodo de reacción militarista surgieron la Joven Cuba (de Antonio Guiteras) y el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), PRC (A), que expresaban el apoyo al ala izquierda del depuesto Gobierno de Grau San Martín. Esta etapa termina con la derrota de la huelga de 1935 y los asesinatos de Antonio Guiteras y Carlos Aponte en los sucesos del Morrillo con lo que el ciclo revolucionario tuvo una conclusión contrarrevolucionaria.

El diablo se llama Trotsky

León Trotsky es uno de los personajes más importantes del Siglo XX. Dirigente del Soviet de Petrogrado durante la Revolución de 1905, militante bolchevique durante la revolución de 1917, organizador del Comité Militar Revolucionario, fundador del Ejército Rojo que defendió la URSS ante la invasión de 14 ejércitos imperialistas, concentró su pelea dentro de la Revolución Rusa en contra de la burocratización del primer estado obrero de la historia. Fue, junto a Lenin, uno de los personajes centrales de la directiva de la Revolución de 1917. Al mismo tiempo concentró el odio de Stalin que le buscó con la GPU hasta México para asesinarle el 21 de agosto de 1940 en su casa de Coyoacán. En Cuba generó la simpatía de Leonardo Padura, que escribió recientemente El hombre que amaba los perros. Esta es una novela que analiza la vida de Trotsky y de Ramón Mercader (su victimario) así como las contradicciones de la Isla en los años noventa.

Sobre Trotsky y el trotskismo podemos decir de todo: la calumnia y el desconocimiento durante la época del stalinismo generó todo tipo de confusiones y tergiversaciones. Vale la pena señalar y estudiar las ideas generales que aludían a los militantes de la Oposición Comunista dentro de la IC durante el Siglo XX corto, aunque este movimiento divergió categóricamente como corriente disidente en toda su historia. Estamos ante la trayectoria de una de las corrientes marxistas más libertarias de la época contemporánea y, al mismo tiempo, una de las más perseguidas: perseguida por la democracia capitalista, el fascismo y el estalinismo.

Sería impensable resumir las características de esta corriente política en un texto escrito: las experiencias militantes son, en ese sentido, más amplias de lo que se pueden plasmar en un papel. Las principales afirmaciones de la corriente trotskista son, en general, las siguientes:

Uno. La formulación de León Trotsky que la URSS fue un estado obrero deformado. En su obra la Revolución Traicionada planteó que el estalinismo era un fenómeno político parasitario que expropió políticamente a los obreros y a los soviets del poder. Trotsky opinaba que la burocracia gobernante era una casta política, no aún una clase, que debía ser combatida por la revolución. La URSS, al mismo tiempo, que se debía defender de la reacción imperialista, también debía combatir a esta casta burocrática que gobernaba. Esta casta debía ser derribada o de lo contrario se encargaría de restaurar el capitalismo. En ese libro Trotsky escribió:

Así, a despecho de monstruosas deformaciones burocráticas, la base clasista de la URSS, continúa siendo proletaria. Pero recordemos que este proceso de desarrollo aún no ha terminado, y que el futuro de Europa y del mundo durante los próximos decenios no se ha decidido todavía. El Thermidor ruso habría abierto indudablemente una nueva era de dominio burgués, si tal dominio no se hubiese desacreditado en todo el mundo. En todo caso, la lucha contra la igualdad y el establecimiento de desigualdades sociales muy profundas no ha conseguido hasta ahora eliminar la conciencia socialista de las masas ni la nacionalización de los medios de producción y la tierra, que fueron las conquistas socialistas básicas de la revolución. Aunque deroga tales gestas, la burocracia no se ha atrevido todavía a recurrir a la restauración de la propiedad privada de los medios de producción. A fines del s. XVIII, la propiedad privada de los medios de producción fue un factor de importancia progresiva considerable. Aún le quedaba Europa y el mundo por conquistar. Pero en nuestros tiempos, la propiedad privada es el único obstáculo serio que se opone al desarrollo adecuado de las fuerzas productivas.[iv]

Dos. La teoría programa de la Revolución Permanente se enfrentó a la teoría del Socialismo en un sólo país. La elaboración teórica trotskista tiene como fundamento el estudio de la revolución en China entre 1927 y 1928, resumía sus ideas con respecto a la Revolución Rusa de 1917 y al futuro de la revolución mundial. Trotsky negó la hipótesis de la revolución por etapas, en la cual los comunistas debían de aliarse a las burguesías nativas para completar una primera fase revolucionaria “democrático-burguesa”. Él pensaba que la revolución democrático-burguesa se enlazaba con la revolución socialista en una sola:

El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del Estado, nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa, de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.[v]

Tres. La vigencia de la construcción de la IV Internacional. Después de la “Guerra Civil en España” Trotsky planteó que la III Internacional Comunista era una organización contrarrevolucionaria que ahogó la revolución española asesinando a líderes anarquistas de la Confederación Nacional de Trabajadores y a los dirigentes del Partido Obrero Unificado Marxista de Andreu Nin, en Barcelona. Trotsky planteó la idea de que era necesario construir una nueva internacional comunista con un nuevo Programa de Transición. Así afirmó que el

 […] Paso definitivo de la I.C. hacia el lado del orden burgués, su papel cínicamente contra-revolucionario en el mundo entero, particularmente en España, en Francia, en Estados Unidos y en los otros países “democráticos”, ha creado extraordinarias dificultades suplementarias al proletariado mundial. Bajo el signo de la revolución de octubre, la política conservadora de los “Frentes Populares” conduce a la clase obrera a la impotencia y abre el camino al fascismo.[vi]

El movimiento trotskista logró influencia en América Latina, en especial en Bolivia, Argentina, Brasil, Chile y Cuba. Existen tres estudios sobre el mismo en la Isla. El primero del inglés Gary Tennat que escribió el libro The Hidden Pearl of the Carribbean: Cuban Trotskyism en 2000. Este trabajo es una valiosa aportación del movimiento que generó el Partido Bolchevique Leninista de Cuba y su participación en la Revolución de 1930. En el caso de Robert Alexander en International Trotskyism publicó la historia más generosa y detallada del movimiento inspirado por León Trotsky en todo el mundo. Sin embargo, este último trabajo debe una impresión en el apartado sobre América Latina.

Pierre Broué fue sin duda, uno de los más prestigiosos analistas de la historia del movimiento trotskista en la URSS y en todo el orbe. En sus Cahiers editados en París realizó un importante estudio de este tema en nuestro continente. Su texto El movimiento trotskista en América Latina en 1940 es uno de los más relevantes. Los famosos Cahiers León Trotsky vieron la luz en medio de la restauración conservadora del neoliberalismo y del llamado fin del socialismo real. Publicó en 2001,2002 y 2003 algunas aportaciones de Rafael Soler Martínez, profesor de la Universidad de Oriente, quien en su tesis de doctorado El trotskismo en la revolución del 30, realizada en Santiago de Cuba hace un trabajo sorprendente, una disertación escrita por un cubano en medio de la ofensiva neoliberal.

Más recientemente consulté los archivos de la Biblioteca Nacional de Cuba (Fondo Reservado), el Archivo Nacional de Cuba (Fondo Especial) y en el Archivo del Instituto de Historia de Cuba (Fondo Vilaseca y del Primer Partido Comunista de Cuba) y escribí el texto El trotskismo cubano en la Revolución de 1930, en el cual analicé los documentos de la OCI y transcribí todas las fuentes primarias disponibles del Partido Bolchevique Leninista. Entre documentos internos, manifiestos, volantes, documentos de polémica y revistas (Cultura Proletaria, Línea, Frente, Obrero Panadero) y el Manifiesto del Partido Bolchevique Leninista hemos digitalizado y recopilado unas 400 páginas que podrían editarse tan sólo como “fuentes para una historia del trotskismo en Cuba”.

Bolcheviques Leninistas en Cuba

Analizando la totalidad de los documentos de los trotskistas cubanos y analizando la historia de la huelga de agosto de 1933 podemos decir algunas ideas generales. Este partido logró agrupar a varios cientos de militantes. Para 1934 llegó a tener unos 900 militantes y dirigió la Federación Obrera de la Habana Tuvo su peso fundamental en La Habana, Guantánamo, Santiago de Cuba y Matanzas. Durante la huelga de agosto jugó un papel destacado.

El Partido Bolchevique Leninista tenía una dirección compuesta por Pedro Varela, Juan Pérez, Roberto Fontanillas, Pedro Rivero, José Días Ortega, Carlos Martínez Padrón, Carlos González Palacios, Juan Ramón Brea, Jorge Quintana Vargas, Idalberto Ferrer Acosta, Ramón Miyares, entre otros. Pero sus líderes fundamentales fueron Sandalio Junco, Marcos García Villarreal y Juan Ramón Breá. El acierto del PBL durante la huelga de agosto fueron los “errores” del PCC de Cuba. La frase de Fabio Grobart resume la discusión “el partido luchó durante toda la dictadura y terminó por no luchar cuando esta estaba por caer”. En todo caso, los trotskistas si vieron la posibilidad de la caída de Machado. En mi artículo El trotskismo cubano en la Revolución de 1930 subrayo el rol decisivo del PBL en la huelga de agosto de 1933 y lo destaco del siguiente modo.

Según el informe de la Foreign Policy Association de los Estados Unidos el movimiento huelguístico se inició con una huelga espontánea de los trabajadores del ómnibus de la Habana en julio de 1933. El paro tenía carácter económico, pero, al quinto día, se había convertido en una poderosa ofensiva política contra la dictadura. Los pequeños comerciantes y los trabajadores de la industria unieron sus fuerzas con los obreros del transporte, los ferrocarriles, los tranvías y los autos de alquiler. Cerraron fábricas, talleres, tiendas, teatros cines. Se dejaron de entregar alimentos. Los mozos del café, cantineros y empleados de hoteles se sumaron a la huelga. Según el informe la Habana parecía una “ciudad sitiada”. El gobierno a la defensiva instaló la ley marcial.

El día 2 de agosto, el Comité Central del PCC reunido discutió la política a seguir para la huelga. Jorge Vivó, secretario general del Partido y Felipe González, consideraron que el movimiento huelguístico no estaba tan desarrollado para la caída de Machado. Después, el día 4 el secretariado del PCC se congregó para evaluar el momento político y aprobó un resolutivo en el que caracterizaba la huelga es un paso hacia la revolución, pero no la revolución misma. Según Caridad Massón, allí estaban Joaquín Ordoquí, José Felipe Chelala, Isidro Figueroa, Jorge Vivó y a Rubén Martínez Villena. En otra reunión el PCC accede a que un grupo de dirigentes asista a un encuentro con el presidente Machado para negociar la huelga, aunque el partido mismo no la dirige. El 7 bajo la información falsa de que Machado había renunciado, una gran masa de gente que festejaba en la Habana fue dispersada por el ejército.

Entre el 7 y el 9 Martínez Villena recomienda al CC del PCC que el partido hable con los trabajadores para que vuelvan al trabajo paulatinamente y el Buró del Caribe de la IC envió un telegrama al CC en el que sugieren “demorar venta decisiva”[vii]. Los participantes de la huelga se niegan a seguir lo propuesto por el Partido y entre la FOH y los empleados y las organizaciones anarquistas comienzan a discutirse la “traición del PCC”.

Según Angelina Rojas Blaquier la FOH de los trotskistas llamaba a la insurrección de forma “oportunista”. Mientras que para el PCC la huelga no debía derribar al régimen. Si acaso permitiría ensayar fuerzas y desarrollar la conciencia de clase. Dos días después, el Machado finalmente cae como presidente. Rita Vilar, hija del dirigente obrero César Vilar, explica a la distancia los llamados “errores de agosto”:

La huelga contra Machado comienza el 28 de julio de 1933. Se creyó al principio que era un movimiento de los trabajadores del ómnibus sin mayores trascendencias. Después se puso constatar que no era así. El 30 de julio mi padre convocó a un acto público al que asistieron alrededor de mil obreros, y precisó que la huelga de transportistas había asumido un carácter político. Sin embargo, dentro del propio partido existían opiniones sobre la huelga, unas a favor otras en contra. Machado quería salar la situación o mejor dicho el poder. Prescindiendo de su acostumbrada soberbia, asumió una nueva y hábil actitud: pidió entrevistarse con una delegación de la CNOC y está va al Palacio. Entre los que integraron la delegación no estaba mi padre. Machado les propone conceder el grueso de las reivindicaciones económicas: la legalización de la CNOC y de los sindicatos en general, las libertades democráticas para las organizaciones políticas, incluyendo al Partido Comunista. La delegación de la CNOC hace un informe sobre la propuesta y la somete a la consideración del PCC. Su Buró Político en funciones a propuesta de Rubén Martínez Villena, decide aceptar las concesiones propuestas por Machado. El PCC orienta realizar una consulta de esta decisión con las masas obreras, de tal manera que, en caso de aceptarse, se volviera al trabajo escalonadamente en la medida en que se concedieran las reivindicaciones por sectores o del carácter general.[viii]

Fabio Grobart en una sesión de noviembre del mismo año (dos meses después de los “errores”) criticó duramente la posición del partido durante la huelga de agosto: “el Partido ha luchado durante toda la dictadura de Machado y terminó por no luchar cuanto estaba por caer”.[ix] Según Lionel Soto, Rubén Martínez Villena consideraba que era mejor combatir a una Machado debilitado que un gobierno de derechas “burgués latifundista” y por ello llaman, de conjunto, a la vuelta al trabajo.

En Guantánamo la OCI avanzaba en el sector azucarero y concentró a varios centenares de militantes y según el historiador Rafael Soler agrupan a más 40 mil azucareros armados con palos y machetes en la huelga de agosto. Según un informe del PCC, sus fuerzas se habían debilitado en Guantánamo y los trotskistas se pusieron a la cabeza del Comité de Huelga que se construyó durante la insurrección:

El sindicato Regional Azucarero y los panaderos. Además, teníamos oposiciones sindicales revolucionaras en la Delegación 11 de la H. Ferroviaria (ferrocarril Guantánamo y occidente) y en el gremio de portuarios de Caimanera. La huelga general se desarrolló aquí a impulsos de la huelga del resto del país y ningún sector obrero fue al paro por demandas inmediatas. El P no tuvo gran influencia en la huelga y ni siquiera estuvo representado en el Comité de huelga que existió, aunque es verdad que dicho comité se formó, porque 4 o 5 tipejos de la Oposición conjuntamente con el presidente de los choferes, que era concejal en el ayuntamiento, lo quisieron formar; y a pesar de eso, nuestros cc, con algunos obreros honrados, especialmente el presidente de los torcedores, no se ocuparon de formar otro comité a base de las masas. La huelga fue general aquí parando todo el mundo sus labores.[x]

Pero, a pesar de que Machado cae, el conflicto sigue y se extiende. El día 12 los obreros se apoderaron del central Punta Alegre en Camagüey y le siguieron más. El PBL hacía su primera aparición pública como partido independiente del PCC el 17 de agosto acusando a los dirigentes de esta y de la CNOC de atacar a los miembros de la FOH en su local asesinando a un grupo de obreros.

La entrevista de militantes del PCC con Machado, en medio de una poderosa huelga general, se veía por diversas organizaciones como una traición. Según el PBL:

El día 8 de agosto último, los directores del PC de la CNOC subieron al Palacio y recibieron fuertes sumas de dinero para frenar la huelga general y publicaron manifiestos pidiendo a los obreros que volvieran al trabajo. Esta nueva traición castigada por los obreros que continuaron con la huelga siguiendo la indicación de la FOH y desde entonces la directiva sectaria del PC ordena a sus ingenuos militantes que impiden las reuniones de la FOH porque todos los obreros conscientes se están afiliando a ella, convencidos de la traición de la CNOC. El 27 de agosto los hampones pagados por la directiva traidora del PC y de la CNOC atacaron a tiros a los obreros puros reunidos en el local de la Federación, asesinándolos con las mismas armas que usaban los porristas de la Habana en días de Machado.[xi]

Aunque el gobierno de Machado ya había caído el descontento obrero se extendía a todo el país en una rapidez sin precedentes. Miles de trabajadores continuaron la huelga y comenzaron a ocupar las centrales azucareras. Según informe del PCC son más de 60 mil huelguistas y decenas los centrales ocupados.[xii]

Por esos días de agosto, entre el 29 y 30, reunidos en el V Pleno con dirigentes de todo el país y delegados del Buró del Caribe de la IC, el PCC rediscutió la política para el momento. Villena sostenía que la huelga no había tenido el objetivo de derribar a Machado... Según Caridad Massón:

Villena planteaba que la inexistencia de una fracción comunista dentro del Comité de Huelga, la falta de coordinación del CC y el CC de la Huelga, el envío de los miembros del secretariado a los centros de trabajo, la convocatoria sólo una vez al CC mientras se reunían en formas extra-oficiales en otros lugares, el escaso trabajo en las células de base, la poca propaganda escrita y la actitud caprichosa de Jorge Vivó fueron los aspectos organizativos que golpearon el paro.[xiii]

A pesar de la inexistencia de documentos se sabe que en esa reunión el Buró del Caribe sugirió al PC la puesta en pie de soviets a lo que Villena se negó pues “no era una medida bastante eficaz si no se tiene el poder, era mejor rodear, piquetear las empresas que tomarlas.” Y en otra recomendación increíble del Buró del Caribe, en el que se debía eludir cualquier confrontación con el imperialismo norteamericano, Villena indignado sostuvo que “era equivocada esta propuesta pues aquí cada huelga era un movimiento anti-imperialista pues casi todo el capital era norteamericano.” Este es el momento más álgido de las relaciones de Villena con el Buró del Caribe de la IC.

¿Qué pasó con Sandalio Junco?

Sandalio Junco fue uno de los personajes del PBL que merece una mención especial. Volvió a México y estuvo cerca de León Trotsky. Militó en el APRA desde la óptica del entrismo, la militancia trotskista recurrió a este método para ganar adeptos en el interior de otras organizaciones, y acercó al salvadoreño Blanco Corpeño a la IV Internacional. Unos años después volvió a Cuba. Militó en el Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRC A) dirigido por Grau San Martin. Fue dirigente de las organizaciones obreras de ese Partido. En un texto de 1940 el PBL detalló que el PRC (A) era “un verdadero movimiento de masas populares. Por razones especiales ha venido a vincular en su seno el anhelo de lucha antimperialista de una gran mayoría del pueblo cubano.” Lo que justificaba, probablemente, el entrismo de Junco, quien fue asesinado por dos pistoleros estalinistas del PCC el día 9 de mayo de 1942 en un acto conmemorativo de la muerte de Guiteras.

En los años cuarenta los comunistas habían concertado un acuerdo político con Fulgencio Batista en el marco del llamado a la lucha contra el fascismo dictada por la IC. Según la nota del Diario de la Marina del día 9 de mayo de 1942:

En los momentos en que se celebraba anoche una velada en memoria de Guiteras, en los salones del Ayuntamiento de esta ciudad, un grupo de comunistas hizo irrupción en dicho edificio y después de armar fuerte escándalo, dispararon sobre el orador, resultando muertas tres personas y gravemente heridas otras varias. Hasta este momento se ignoran con certeza las causas del hecho, que se produjo en el instante en el que hacía uso de la palabra Charles Simeon, el que milagrosamente salió ileso, así como el alcalde que presidía el acto […] En el lugar del suceso fueron recogidos ya los cuerpos de Sandalio Junco, líder obrero de la Habana y Evangelio Dorroto, conocido por Dinamita. También falleció, pero en el hospital, José María Martin, apodado el Chivo […] Se calcula que fueron disparados unos sesenta tiros, sufriendo el salón de actos del referido ayuntamiento daños.[xiv]

Juan Ramon Breá huyo de Cuba en 1936 fue a combatir en la Guerra Civil Española. Allá escribio El Cuaderno rojo de Barcelona en el que detalla su participación en las filas del POUM junto al surrealista Benjamin Péret y el escritor George Orwell. ¿Sandalio Junco es el Andrés Nin de Cuba?


Reflexiones al cierre

 

El movimiento trotskista cubano de los años treinta agrupó a estudiantes, intelectuales y trabajadores bajo el nombre de Partido Bolchevique Leninista. Participó del campo revolucionario antimachadista, de la huelga general de agosto de 1933 y también de la resistencia contra la dictadura de Batista.

En esa última etapa editó varias revistas entre ellas Cultura Proletaria, publicó obras de León Trotsky, influenció al Sindicato de Empleados de Comercio y mantuvo contactos con la organización internacional (LCI) en especial con grupos revolucionarios en España y Estados Unidos.

La fundación de Joven Cuba en 1934 generó una división dentro de las filas del PBL. Un sector decidió fusionarse con esa organización dirigida por Antonio Guiteras y otra decidió proponerle una Alianza Obrera. Simultáneamente el PCC consideró al PBL una organización “fascista” y ello contribuyó también a sus fracturas internas. La división de 1934 y la represión después de la derrota de 1935 fueron las causas fundamentales del fin de esta primera etapa de la historia del trotskismo cubano.

En época de la primera presidencia de Batista, los trotskistas junto a más organizaciones del campo revolucionario durante la Segunda Guerra fueron reprimidos y sólo lograron recomponerse como corriente en los años de 1950 y 1960. Dentro de la tradición revolucionaria de la isla, el movimiento trotskista y sus personalidades constituyeron una fuerza libertaria destacada que merece más investigaciones, pero, sobre todo, mayor difusión dentro del campo académico y laboral.

NOTAS

 

[i] Insurrexit: órgano de la Juventud Libertaria, n. 2, La Habana, 10 de Diciembre de 1934.

[ii] Walter Benjamin, La dialéctica en suspenso, Santiago, LOM, 2009, p. 57.

[iii] Daniel Bensaid, Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren, 2004. Disponible en https://w (...)

[iv] León Trotsky, El programa de transición, 1938. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/trot (...)

[v] León Trotsky, Teoría de la revolución permanente, 1930. Disponible en https://www.marxists.org/esp (...)

[vi] León Trotsky, La revolución traicionada, 1936. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/trot (...)

[vii] Caridad Massón Sena, “Rubén Martínez Villena y el Buró del Caribe”, en Rafael Acosta de Arriba, En (...)

[viii] Newton Briones Montoto, Una hija reivindica de su padre, La Habana, Ruth Editorial, 2011, pp. 25-2 (...)

[ix] Angelina Rojas Blaquier, El primer Partido Comunista de Cuba, T. 1, Santiago de Cuba, Editorial Or (...)

[x] Comité Seccional Guantánamo. “Informe. PCC (S. De la IC)”, 3 de noviembre de 1933, Archivo del Ins (...)

[xi]  “Al pueblo de Cuba en general y a los trabajadores en particular. Partido Bolchevique de Cuba. Sec (...)

[xii]  “Líneas para la lucha en Cuba”, 30 de agosto de 1933, AIHC, FPPML, Sig. ½:1/5/1-33.

[xiii] Caridad Massón Sena, obra citada, p. 263.

[xiv] “Tres muertos y varios heridos en un acto que tenía lugar en memoria de Antonio Guiteras, en Sanct (...)

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